LA TEORÍA DEL CAMPO Y EL APRENDIZAJE DE KURT LEWIN

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En la historia de la psicología hay pocas figuras tan importantes e influyentes como Kurt Lewin. Este investigador no solo fue uno de los impulsores de la psicología de la Gestalt, sino que además es considerado como el padre de la psicología social y la psicología de las organizaciones.

Kurt Lewin fue, además, el creador de la Teoría del Campo, que ha servido de base para desarrollar investigaciones sobre las dinámicas de grupo, muy aplicables en el entorno organizacional.

Compartimos los dos primeros puntos de la LA TEORIA DEL CAMPO Y EL APRENDIZAJE de Kurt Lewin, el resto del material lo podrá obtener en formato PDF en la sección “Material de descarga” que se encuentra en la parte inferior de la publicación.

A continuación, para entender su legado, nos remontaremos a los años en los que Kurt Lewin desarrolló sus ideas.

LA TEORIA DEL CAMPO Y EL APRENDIZAJE KURT LEWIN

1. La teoría de campo

A menudo se me ha pedido que caracterice aquellos rasgos esenciales del enfoque de la teoría de campo que lo distinguen con más claridad de otras orientaciones teóricas. ¿Cuáles son los principales atributos de la teoría de campo?.

Las siguientes características me parecen particularmente importantes: el empleo de un método constructivo más que clasificatorio; el interés en los aspectos dinámicos de los hechos; un enfoque psicológico antes que físico; un análisis que parte de la situación global; la distinción entre problemas sistemáticos e históricos; la representación matemática del campo.

1.1. Método constructivo

Como toda ciencia, la psicología enfrenta un dilema cuando intenta desarrollar conceptos y leyes “generales”. Si “se abstrae a partir de diferencias individuales”, no hay una vía lógica de retorno desde estas generalidades al caso individual. Tal generalización lleva desde niños individuales a niños de una cierta edad o nivel económico y de allí a niños de todas las edades y todos los niveles económicos; Conduce desde un individuo psicopático a tipos patológicos similares y de allí a la categoría general de “persona anormal”. Sin embargo, no hay una vía lógica de retorno desde el concepto “niño” o “persona anormal” al caso individual (38). ¿Cuál es el valor de los conceptos generales si no permiten las predicciones para el caso individual? Ciertamente, tal procedimiento es de poca utilidad para el maestro o el psicoterapeuta.

Este ha sido un problema agudo en otras ciencias. En la época de los griegos la geometría cambió el método “clasificatorio” (que agrupa las figuras geométricas según las similitudes) por un método “constructivo” o “genético” (que agrupa las figuras según el modo en que puedan producirse o derivarse una de otra). Desde entonces, la “definición genética” ha dominado la matemática. En la física, un desarrollo similar ocurrió en la época de Galileo (45). La biología intentó un mayor avance en esta dirección cuando se reemplazó el sistema de Linneo por el de Darwin.

La esencia del método constructivo es la representación de un caso individual con el auxilio de unos pocos “elementos “ de construcción. En psicología, se pueden emplear como elementos la “posición” psicológica, la “fuerza” psicológica y otros conceptos similares. Las leyes generales de la psicología son enunciados acerca de las relaciones empíricas entre estos elementos constructivos o algunas de sus propiedades. Es posible construir un número infinito de constelaciones de acuerdo con esas leyes; cada una de esas constelaciones corresponde a un caso individual en un momento dado. De esta manera, puede llenarse el vacío entre generalidades y especificidades, entre leyes y diferencias individuales.

1.2. Enfoque dinámico

El psicoanálisis ha sido probablemente el ejemplo sobresaliente de un enfoque psicológico que intenta alcanzar las profundidades antes que las capas superficiales de la conducta. En este aspecto, ha seguido a los novelistas de todos los periodos. El psicoanálisis no ha concordado con los requerimientos del método científico al hacer sus interpretaciones de la conducta. Lo que se necesita son constructos y métodos científicos que se ocupen de las fuerzas subyacentes del comportamiento pero de una manera metodológicamente sensata. (El término “dinámica” se refiere aquí al concepto dynamis=fuerza, a una interpretación de los cambios como resultado de fuerzas psicológicas.)

Otras teorías reconocen, por lo menos en cierto grado, estos dos puntos primeros. Los próximos dos puntos, sin embargo, son más específicos de la teoría de campo.

1.3. Enfoque psicológico

La teoría de campo, como todo enfoque científico de la psicología, es “conductista”, si esto significa proveer “definiciones operacionales” (síntomas verificables) para los conceptos utilizados (49). Muchos psicólogos, particularmente aquellos que seguían la teoría del reflejo condicionado, confundieron este requisito de definiciones operacionales con la exigencia de eliminar las descripciones psicológicas. Insistían en definir los estímulos “ superficialmente, en función de la física”. Una de las características básicas de la teoría de campo en psicología, a mi ver, es el requisito de que el campo que influye sobre un individuo se suscriba no en términos “fisicalistas objetivos”, sino de la manera en que éste existe para la persona en ese momento (véase el concepto de “ambiente conductual” de Koffka, 32). Un maestro nunca tendrá éxito al impartir la orientación correcta a un niño si no aprende a comprender el mundo psicológico en el que ese niño determinado vive. Describir “objetivamente” una situación en psicología significa en realidad describir la situación como una totalidad de aquellos hechos, y solo de aquellos, que configuran el campo de ese individuo. Sustituir el mundo del sujeto por el mundo del maestro, del físico o de cualquier otro no significa ser objetivo, sino estar equivocado.

Una de las tareas básicas de la psicología es encontrar los constructos científicos que permitan la representación adecuada de las constelaciones psicológicas de manera que pueda así deducirse la conducta del individuo. Esto no debilita la exigencia de definiciones operacionales de los términos usados en psicología, pero destaca el derecho y la necesidad de emplear conceptos psicológicos.

Las propiedades del espacio vital del individuo dependen en parte de su condición como producto de su historia en parte de su entorno no psicológico (físico o social). La relación de este último con el espacio vital es similar a aquella que tienen las “condiciones limítrofes” con un sistema dinámico. La teoría de la Gestalt ha puesto mucho énfasis (quizá demasiado en el comienzo) sobre ciertas similitudes entre la estructura percibida y la estructura objetiva de los estímulos. Esto no significa, empero, que sea permisible tratar los estímulos como si fueran partes internas del espacio vital (más que condiciones limítrofes), un error común del conductismo fisicalista.

1.4. Análisis inicial de la situación global

Se ha dicho con frecuencia que la teoría de campo y la de la Gestalt se oponen al análisis. Nada puede ser más erróneo. En verdad, la teoría de campo critica muchas teorías fisicalistas por su carencia de un análisis psicológico profundo (véase el ejemplo más adelante); se ha tratado un gran número de situaciones que se abordan mucho más analíticamente medianteel enfoque de la teoría de campo que por cualquier otro.

Lo importante en la teoría del campo es su procedimiento analítico. En lugar de elegir uno u otro elemento aislado dentro de una situación, cuya importancia no puede juzgarse sin la consideración de la situación global, la teoría del campo encuentra útil, como norma, caracterizar la situación en su totalidad. Después de esta aproximación preliminar, los diversos aspectos y partes de la situación soportan un análisis cada vez más específico y detallado. Es obvio que este método es la mejor salvaguardia contra la conducción equivocada pro uno u otro elemento de la situación.

Por supuesto, tal método presupone que allí exista algo como las propiedades del campo global (30), y que puedan contemplarse aun las situaciones macroscópicas, ya abarquen horas o años, en ciertas circunstancias como una unidad (3). Algunas de estas propiedades generales –por ejemplo, la cantidad de “espacio de movimiento libre” o la “atmósfera de amistad”– se caracterizan por términos que pueden parecer muy acientíficos al oído de una persona acostumbrada a pensar en función de la física. Sin embargo, si esa persona considerara por un momento la fundamental importancia que el campo de gravedad, el campo eléctrico o la cantidad de presión tienen para los hechos físicos, encontraría menos sorprendente descubrir una importancia similar en los problemas de atmósfera en psicología. En verdad, es posible determinar y medir con bastante exactitud las atmósferas psicológicas (42). Todo niño es sensible aun a cambios pequeños en la atmósfera social, tales como el grado de amistad o seguridad. El maestro sabe que el éxito en la enseñanza de una segunda lengua o de cualquiera otra materia, depende en gran parte de la atmósfera que él mismo es capaz de crear. El hecho de que estos problemas no se hayan tratado correctamente en psicología hasta ahora se debe no a su falta de importancia ni a ninguna dificultas específica en la determinación empírica de la atmósfera, sino principalmente a ciertos prejuicios filosóficos en la dirección del conductismo físico.

1.5. La conducta como función del campo en el momento en que ocurre

Muchos psicólogos han aceptado que no es permisible la derivación teleológica de la conducta a partir del futuro. La teoría de campo insiste en que la derivación de la conducta del pasado no es menos metafísica, porque los hechos pasados no existen ya y, por consiguiente, no pueden tener efecto en el presente. El efecto del pasado sobre la conducta puede ser sólo en directo; el campo psicológico pasado es uno de los “orígenes” del campo presente y éste a su turno influye en la conducta. Unir ésta con el campo pasado presupone por lo tanto que se conozca suficientemente cómo ha cambiado el campo en aquel momento el hecho pasado, y si en el ínterin otros hechos han modificado el campo nuevamente o no. La teoría de campo se interesa en los problemas históricos o evolutivos, pero exige un tratamiento analítico mucho más agudo de estos problemas que lo acostumbrado, particularmente en la teoría del asociacionismo.

1.6. Representaciones matemáticas de las situaciones psicológicas

Para permitir derivaciones científicas, la psicología debe utilizar un lenguaje que sea lógicamente estricto y que, al mismo tiempo, concuerde con los métodos constructivos. Hasta 1900, mucho se argumentó acerca de admitir el uso de los números en una ciencia “cualitativa” como la psicología. Muchos filósofos arguyeron en contra basados en que los números son característicos de las ciencias físicas. Hoy, el uso de números en estadística psicológica es bien aceptado. Sin embargo, existe cierta oposición a la utilización de la geometría para la representación de las situaciones psicológicas con igual fundamento. Actualmente, la geometría es una rama de la matemática y como tal es elegible como instrumento en toda ciencia. Ciertos tipos de geometría, como la topología, son muy útiles para representar la estructura de situaciones psicológicas (39,40). Los conceptos topológicos y vectoriales combinan el poder del análisis, la precisión conceptual, la utilidad para la derivación y el ajuste para la gama total de los problemas psicológicos de una manera que, en mi opinión, les otorga superioridad sobre cualquier otro instrumento conceptual conocido en psicología.
En este momento, probablemente sólo una minoría de psicólogos acepta la teoría de campo. Sin embargo, existen signos crecientes de que casi todas las ramas de la psicología, tales como la psicología de la percepción, la psicología de la motivación, la psicología social, la psicología infantil, la psicología animal y la psicología patológica, están avanzando en dirección hacia la teoría de campo con mucha mayor rapidez de lo que se hubiera esperado unos pocos años atrás.

2. Aprendizaje: un término con muchos significados y una historia confusa

El término aprendizaje es de origen popular y se refiere de una manera más o menos vaga a cierta clase de mejoramiento. Hacia 1910 se enseñaba a los estudiantes de psicología a explicar cualquier cambio en la conducta por medio del aprendizaje (que significaba mejoría en velocidad o calidad), de la fatiga (que significaba disminución en velocidad o calidad) o de una combinación de ambos. Realmente el término aprendizaje se refiere a una multitud de fenómenos distintos. La proposición “La democracia tiene que aprenderse; la autocracia es impuesta a la persona”, se refiere a un tipo de aprendizaje. Si uno dice que el “niño espástico tiene que aprender a relajarse”, habla de un tipo diferente de aprendizaje. Ambos tipos probablemente tienen muy poca relación con “aprender vocabulario francés”, y este tipo a su vez tiene poco que ver con “aprender a gustar de la espinaca”.

¿Tenemos algún derecho a clasificar el aprendizaje del salto de altura, de ser abstemio y amigo de la gente con el mismo término, y esperar que leyes idénticas sean válidas para cualquiera de estos procesos?

La teoría de la asociación y su sucesora, la teoría del reflejo condicionado, habla de asociación respecto de todo tipo de procesos psicológicos y supone que las leyes de asociación son independientes del contenido psicológico. Esta práctica ha robustecido la tendencia al uso amplio del término aprendizaje.

Algunos psicólogos identifican aprendizaje con cualquier cambio. Tenemos la esperanza de que la teoría psicológica esté tan avanzada que, como en la física moderna, unas pocas fórmulas generales permitan la deducción de la mayoría de los fenómenos psicológicos. Sin embargo, una ciencia no puede alcanzar este estado sin antes haber desarrollado leyes más específicas que representen la naturaleza de ciertos tipos de procesos.

El intento de hallar las leyes del aprendizaje en este sentido amplio parece comparable con el del químico de desarrollar una fórmula para todo el material utilizado en un edificio, en lugar de agrupar losdiferentes materiales según su índole química y hallar las propiedades para cada tipo por separado. De manera similar, el término aprendizaje, en el sentido amplio de “hacer algo mejor que antes”, es un término “práctico” que se refiere a una variedad de procesos que el psicólogo deberá agrupar y tratar según su naturaleza psicológica.

Dentro de lo que se denomina aprendizaje, hemos de distinguir al menos los siguientes tipos de cambios:

  1. El aprendizaje como cambio en la estructura cognitiva (conocimiento);
  2. El aprendizaje como cambio en la motivación (aprender lo que agrada o desagrada);
  3. El aprendizaje como cambio en la pertenencia o un grupo o ideología (éste es un aspecto importante al afianzarse en una cultura);
  4. El aprendizaje entendido como control voluntario de la musculatura del cuerpo (éste es un aspecto importante en la adquisición de habilidades, tales como el habla o el autocontrol).

La historia de la psicología ha hecho mucho más para confundir que para esclarecer esta situación. La teoría clásica de la asociación, tal como la formuló el excelente experimentalista G.E, Mueller, está basado en el siguiente teorema. Si dos experiencias (o acciones) a y b ocurren juntas con frecuencia o en contigüidad directa, se establece entre ellas una asociación, que se define operacionalmente como la probabilidad de producir a b si a ocurre sola. La fuerza de esta asociación está en función del número de repeticiones. Originariamente, el asociacionismo se interesó en la conexión entre “ideas”; en otras palabras, con el conocimiento o procesos intelectuales. Sin embargo, el asociacionismo avanzó tanto que se jactó de poder explicar con una ley no sólo el proceso del aprendizaje de memoria sino cualquier clase de proceso intelectual, los hábitos de conducta, los valores y particularmente acciones dirigidas. En otras palabras, se supuso que la asociación explicaba tanto la motivación como la cognición.

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