En una entrevista publicada por LA NACION, la periodista María Nöllmann dialoga con el psicólogo y filósofo Joseph Knobel Freud, sobrino nieto de Sigmund Freud, sobre la profunda crisis de salud mental que atraviesan niños y adolescentes a nivel global. Allí, Knobel Freud recurre a una imagen tan literaria como inquietante: los niños actuales se parecen a los “niños perdidos” de la isla de Peter Pan, mientras que los adultos encarnan a un capitán Garfio despojado de autoridad, un “capitán sin poder”. Esta metáfora, lejos de ser anecdótica, resume —según el especialista— un fenómeno estructural: la ausencia simbólica del adulto como figura de referencia, límite y acompañamiento.
Los niños en la isla de Peter Pan están perdidos y el único que manda es el capitán Garfio, que es el único malo de todos los cuentos infantiles que, más que miedo, da pena o, por lo menos, da ganas de burlarse de él. El cocodrilo le comió el reloj; es un capitán sin poder. El capitán sin poder es la imagen de los adultos en el mundo de los niños y adolescentes de hoy. Nadie manda. Joseph Knobel Freud.
Padres adolescentizados y ruptura generacional
Knobel Freud sostiene que existe hoy una ruptura generacional más profunda que en décadas anteriores. No se trata solo de diferencias culturales o tecnológicas, sino de un desplazamiento del rol adulto. Muchos padres, afirma, están “adolescentizados”: priorizan su propio bienestar, sus actividades personales y sus espacios individuales, mientras los hijos quedan relegados a agendas saturadas de clases, talleres y compromisos que reemplazan la presencia real.
Paradójicamente, esta hiperorganización no genera contención, sino soledad. Niños y adolescentes pasan gran parte del día fuera de casa, y cuando regresan, encuentran adultos igualmente ausentes, absorbidos por sus propias rutinas. En este contexto, el niño no se siente mirado, escuchado ni interpelado, condiciones básicas para el desarrollo emocional saludable.
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La soledad como antesala de la depresión
Desde la experiencia clínica, Knobel Freud advierte que esta soledad sostenida es uno de los factores centrales detrás del aumento de la depresión infantil y adolescente, hoy convertida —en sus palabras— en un fenómeno casi pandémico. La adolescencia es, por definición, una etapa de crisis, malestar e incertidumbre, pero requiere adultos disponibles que discutan, cuestionen y acompañen. Cuando eso no ocurre, el vacío se vuelve estructural.
El especialista subraya que muchos adolescentes no buscan adultos complacientes ni “amigos”, sino figuras que ejerzan autoridad simbólica: alguien que marque límites, que sostenga la palabra y que esté dispuesto a entrar en conflicto cuando sea necesario. La ausencia de esa figura no libera al joven; lo deja a la intemperie.
Hiperestimulación, agendas llenas y miedo al aburrimiento
Uno de los aspectos más críticos que señala Knobel Freud es la huida sistemática del aburrimiento. Niños y adolescentes viven hiperestimulados, no solo por pantallas y videojuegos, sino por agendas repletas de actividades formativas. En este punto, el psicólogo retoma las ideas de Donald Winnicott para afirmar que el aburrimiento es la base de la creatividad y del juego auténtico.
Cuando no se deja espacio para el vacío, para el tiempo sin propósito, se obstaculiza la capacidad de crear, imaginar y vincularse genuinamente con otros. La infancia, explica, necesita tiempos muertos para que surjan amistades reales, juegos inventados y experiencias compartidas que no estén mediadas por el rendimiento ni la productividad.
Tecnología y desconexión intergeneracional
Si bien Knobel Freud no demoniza la tecnología, advierte sobre su uso como sustituto del vínculo. Tablets y celulares aparecen con frecuencia como recursos para “entretener” al niño, evitando el diálogo y la interacción familiar. El problema no es el dispositivo en sí, sino lo que desplaza: la conversación, el juego compartido, la curiosidad mutua entre generaciones.
El especialista destaca que pocos padres conocen realmente el mundo digital de sus hijos: a qué juegan, qué miran, qué los apasiona. Ese desconocimiento refuerza la distancia emocional y consolida la sensación de no ser vistos.
Recuperar la tribu, recuperar al adulto
Frente a este panorama, Knobel Freud propone recuperar espacios comunitarios donde los adolescentes puedan encontrarse sin exigencias formativas, simplemente para estar juntos. Clubes, casas de adolescentes, plazas y espacios barriales cumplen una función clave: reconstruir la tribu.
Su mensaje final es claro y contundente: la infancia y la adolescencia no necesitan adultos perfectos, sino adultos presentes. No capitanes ridiculizados como Garfio, sino figuras con autoridad afectiva, capaces de sostener, orientar y acompañar. Cuando nadie manda, no hay libertad; hay abandono. Y cuando el adulto renuncia a su lugar, el niño queda perdido en su propia isla.
Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: La Nación






