Gregorio Luri: “Sin atención ni disciplina no hay escuela”

La educación enfrenta una crisis de atención, disciplina y autoridad docente que amenaza la equidad, el aprendizaje y la escuela.

En un análisis publicado por El Español, el periodista Nicolás Alba recoge las reflexiones del filósofo y pedagogo Gregorio Luri sobre los principales desafíos que enfrenta el sistema educativo en el curso 2025-2026. Con un diagnóstico directo y crítico, Luri advierte que la escuela atraviesa una crisis silenciosa pero profunda, marcada por la pérdida de atención, el deterioro de la disciplina y un creciente malestar docente que compromete el funcionamiento del sistema en su conjunto.

Uno de los ejes centrales de su análisis es la situación del profesorado. Luri sostiene que nunca había observado un nivel tan alto de descontento entre los docentes, un malestar que se expresa en bajas laborales, agotamiento emocional y una pérdida progresiva de la satisfacción por la profesión. A su juicio, muchos profesores sienten que ya no pueden ejercer aquello para lo que se formaron: enseñar. La falta de autoridad en el aula y las dificultades para gestionar la indisciplina, especialmente en la educación secundaria, generan un clima de trabajo adverso que deja a los docentes perplejos y sin herramientas eficaces. Este fenómeno, subraya, no es exclusivo de España, sino que se repite en otros países europeos tradicionalmente bien valorados en materia educativa.

Otro síntoma preocupante es el aumento sostenido del gasto familiar en actividades extraescolares. Para Luri, este fenómeno revela una falla estructural del sistema escolar: cuando las familias sienten la necesidad de “completar” fuera de la escuela la formación de sus hijos, se rompe el principio de equidad. No todos pueden acceder a academias o apoyos privados, lo que amplía las brechas educativas y traslada al mercado responsabilidades que deberían ser asumidas por la escuela pública.

En el plano normativo, el filósofo critica la tendencia a legislar de manera reactiva y poco reflexiva. Señala que la regulación de las pantallas es un ejemplo claro de respuestas extremas: primero se promovieron sin matices y luego se prohibieron de forma generalizada. A su entender, el problema no es la tecnología en sí, sino la incapacidad de aprender de los centros que la utilizan con criterio pedagógico. Luri propone observar experiencias exitosas, como algunas desarrolladas en Estonia, donde la integración tecnológica ha sido gradual y bien acompañada.

A estos retos se suman otros de fondo. Luri alerta sobre la ansiedad matemática de los estudiantes, incompatible con una sociedad cada vez más dependiente del razonamiento lógico y del lenguaje matemático. También cuestiona la creciente “psicologización” de la escuela, que pone el foco casi exclusivo en los problemas individuales del alumnado y descuida la construcción de una cultura común. En este punto, defiende una concepción más republicana de la educación, orientada a compartir saberes, referencias y exigencias colectivas.

Para afrontar esta situación, el pedagogo insiste en la necesidad de un “libro blanco de la función docente” que permita identificar, con datos reales, los problemas cotidianos del profesorado y cerrar la brecha entre los discursos pedagógicos y la práctica en el aula. Sin este diagnóstico honesto, advierte, cualquier reforma corre el riesgo de quedarse en el plano de lo ideal y no resolver lo urgente.

En relación con la inteligencia artificial, Luri adopta una postura realista: no se trata de eludirla, sino de aprender a convivir con ella. La formación docente, afirma, será clave para integrar estas herramientas de manera crítica y educativa, en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad de evaluar sus efectos.

Finalmente, aunque valora la reducción de la tasa de abandono escolar, plantea una advertencia: parte de ese abandono podría estar desplazándose hacia los primeros meses de la formación profesional. Del mismo modo, considera positiva la creación de una evaluación general del sistema, siempre que se base en criterios científicos y sirva para actuar sobre problemas ya suficientemente diagnosticados.

El mensaje de Gregorio Luri es claro: la educación no necesita más regulaciones improvisadas, sino atención, disciplina, autoridad pedagógica y una escucha real a quienes sostienen el sistema día a día en las aulas. Sin ello, cualquier reforma corre el riesgo de ser superficial y tardía.

Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: El Español


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