Ramón Espejo: El deterioro educativo que ya alcanza a la universidad: una advertencia desde dentro del sistema

El catedrático Ramón Espejo advierte que el deterioro del sistema educativo ya ha alcanzado a la universidad, con estudiantes que presentan graves carencias en lectura y escritura.
Fotografìa: ABC de Sevilla Fotografìa: ABC de Sevilla
Fotografìa: ABC de Sevilla

En un artículo publicado por El Español, el periodista Nicolás Alba recoge una de las denuncias más contundentes realizadas en los últimos años sobre el estado del sistema educativo español. El protagonista es Ramón Espejo, catedrático de Filología Inglesa y Norteamericana en la Universidad de Sevilla, con casi tres décadas de experiencia docente, quien advierte que el deterioro académico ya no es un fenómeno marginal ni limitado a etapas tempranas: ha llegado a la universidad.

Espejo sostiene que el sistema educativo español presenta un problema estructural profundo, comparable a un edificio cuya base está completamente erosionada. A su juicio, las deficiencias no son aisladas ni corregibles con reformas parciales, sino que afectan al conjunto del modelo. Desde su experiencia en las aulas universitarias, afirma que cada año recibe alumnado con menor nivel académico, hasta el punto de detectar casos de analfabetismo funcional: estudiantes que no comprenden lo que leen o que no dominan la escritura básica, una situación impensable décadas atrás en la educación superior.

Uno de los ejes centrales de su crítica es la politización de la educación. Según el catedrático, las decisiones educativas han quedado atrapadas en la lógica partidista y electoral, sin una visión de largo plazo ni un compromiso real con el conocimiento. Esta dinámica se refleja, a su entender, en la sucesión de leyes educativas desde la Transición, que han cambiado en lo nominal, pero no han corregido los errores de fondo. En particular, señala que las normativas impulsadas por el PSOE han profundizado un modelo iniciado con la LOGSE, reforzando un enfoque que considera fallido y cada vez más restrictivo para el profesorado.

En este contexto, Espejo es especialmente crítico con la LOMLOE, conocida como Ley Celaá. Afirma que esta norma supone un punto de inflexión negativo al intervenir no solo en los contenidos que se enseñan, sino también en la manera en que deben enseñarse, lo que interpreta como una vulneración directa de la libertad de cátedra. A ello se suma una cultura del aprobacionismo que, según denuncia, presiona a los docentes para evitar el suspenso incluso cuando el aprendizaje no se ha producido, generando una ficción académica que denomina “aprendizaje fake”.

El resultado de este proceso, explica, es una degradación progresiva del nivel educativo. A diferencia de épocas anteriores, en las que el descenso académico se percibía a lo largo de generaciones completas, hoy el deterioro es perceptible de un año a otro. Y, lejos de compensarse con mayores competencias o habilidades, el déficit alcanza tanto a los conocimientos como a las capacidades y actitudes básicas para el estudio universitario.

Ante este panorama, Espejo plantea una propuesta radical: retirar de la gestión educativa a tres colectivos que, en su opinión, han demostrado incapacidad para revertir la crisis. En primer lugar, los responsables políticos; en segundo, ciertos pedagogos alejados de la realidad del aula que diseñan leyes sin experiencia docente directa; y, en tercer lugar, una inspección educativa que, según denuncia, prioriza las estadísticas de titulación por encima del rigor académico. Frente a ello, defiende devolver el protagonismo a los especialistas en las distintas disciplinas y a los docentes con experiencia real en la enseñanza.

La advertencia es clara y severa: si no se reconoce la magnitud del problema y no se adoptan medidas estructurales, el deterioro continuará agravándose. Lo que hoy es una alarma lanzada desde la universidad podría convertirse, en pocos años, en una crisis irreversible del conocimiento. Según Espejo, el diagnóstico es compartido por una amplia mayoría del profesorado, aunque pocos se atreven a expresarlo públicamente. Precisamente por eso, voces como la suya resultan incómodas, pero necesarias.

Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: El Español


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