El profesor Jordi Martí es un docente con formación en ingeniería agrónoma y especialización en educación y nuevas tecnologías. Autor del blog Xarxatic, se ha consolidado como un referente en la reflexión educativa contemporánea, donde combina experiencia, pensamiento crítico y una defensa firme de la coherencia profesional. Desde esta perspectiva, plantea una idea tan incómoda como necesaria: la escuela no puede asumir responsabilidades que pertenecen al ámbito familiar, especialmente cuando se trata del uso temprano de tecnologías y redes sociales.
El error de fondo: confundir roles educativos
Uno de los puntos centrales del planteamiento es que existe una confusión profunda entre educar y escolarizar. La escuela instruye, orienta y acompaña, pero no sustituye la función de la familia. Cuando un niño accede a redes sociales a edades tempranas, no es una falla del sistema educativo, sino el resultado de decisiones tomadas en casa.
Como señala el propio docente: “Que tu hijo tenga TikTok a los 10 años no es culpa de la escuela”. Esta afirmación no busca confrontar, sino poner en evidencia una realidad que muchas veces se evita reconocer. La educación digital, los límites y la supervisión son tareas que nacen en el hogar.
La sobrecarga invisible del docente
En el contexto actual, los docentes enfrentan una presión creciente que va más allá de la enseñanza. Se les exige intervenir en la conducta digital, en la crianza, en la gestión emocional y en la formación de hábitos que no se han consolidado previamente en casa. Esta expectativa no solo es irreal, sino también injusta.
El propio Martí lo expresa con claridad al señalar que “la escuela no puede ser el lugar donde se solucionen todos los problemas que vienen de fuera”. Esta frase resume una problemática estructural: la sobrecarga del rol docente como sustituto de responsabilidades familiares.
Tecnología sin criterio: una decisión adulta, no infantil
Otro aspecto clave es comprender que los niños no toman decisiones autónomas sobre el uso de tecnología. El acceso a dispositivos, redes sociales y contenidos digitales responde a autorizaciones explícitas o implícitas de los adultos.
En este sentido, el mensaje es directo: “Los padres son quienes deben decidir cuándo y cómo sus hijos acceden a determinados entornos digitales”. La escuela puede educar en el uso responsable, pero no puede controlar ni regular lo que ocurre fuera de su ámbito.
Esta reflexión es especialmente relevante en una época donde la tecnología avanza más rápido que la conciencia educativa sobre su uso. Permitir acceso sin acompañamiento no es libertad, es abandono formativo.
La escuela como chivo expiatorio
Una de las críticas más contundentes del planteamiento es la tendencia social a buscar culpables externos cuando las decisiones internas fallan. En muchos casos, la escuela se convierte en el blanco más visible y accesible.
Martí lo sintetiza con una idea poderosa: “Es más fácil culpar a la escuela que asumir responsabilidades en casa”. Esta afirmación refleja una dinámica preocupante, donde la autocrítica familiar se reemplaza por la exigencia institucional.
Una llamada a la coherencia educativa
El verdadero valor de este planteamiento no está en la crítica, sino en la invitación a la coherencia. Educar implica asumir responsabilidades compartidas, pero diferenciadas. La familia establece bases, valores y límites; la escuela potencia, orienta y desarrolla aprendizajes.
Cuando estos roles se confunden, el resultado es un sistema tensionado, donde los docentes se ven desbordados y los estudiantes carecen de referentes claros.
Conclusión: educar es asumir, no delegar
El mensaje de fondo es claro: no se puede delegar la educación integral de un hijo en la escuela. La tecnología, los valores y los hábitos comienzan en casa. La escuela acompaña, pero no sustituye.
Este enfoque no solo reivindica el rol docente, sino que también revaloriza la responsabilidad familiar como pilar esencial del desarrollo educativo. En tiempos de cambios acelerados, esta claridad no es opcional, es imprescindible.
En caso desee leer el artículo del profesor Jordi Martí, aquí le dejamos el enlace: “Que tu hijo tenga una cuenta de TikTok a los 10 años NO es culpa de la escuela”.
Redacción | Web del Maestro CMF