Adolescente de 13 años amenaza de muerte a dos maestras en secundaria; compañeros y padres alertan a la escuela

«Pónganse de acuerdo, chicos, porque vamos a matar a la maestra de historia y a la maestra de contabilidad».

En un video que circuló recientemente, un alumno de 13 años de la Secundaria 12 del turno vespertino en Lázaro Cárdenas, Michoacán, lanzó una amenaza dirigida a sus compañeras docentes: “Pónganse de acuerdo porque vamos a matar a la maestra de historia y a la de contabilidad”, dijo frente a sus compañeros, e incluso convocó a una movilización estudiantil contra el personal docente. Las advertencias—grabadas y difundidas entre estudiantes—incluyeron invitaciones a un “desfile” para exigir la salida de las profesoras, con lenguaje agresivo y soez.

Los propios alumnos identificaron al menor, informaron a sus padres y estos alertaron a la dirección del centro educativo. Tras la denuncia, la Fiscalía de Michoacán informó que tomó conocimiento del caso y que recabará información para determinar el contexto del video y verificar si existe un delito perseguible. En su comunicado, la fiscalía señaló que, hasta el momento, está en proceso de análisis; la investigación determinará responsabilidades y medidas a seguir.

El episodio expone, una vez más, la vulnerabilidad del personal docente en contextos de violencia simbólica y real. En el reportaje que acompaña al video, se subraya que en México la labor docente ha sido estigmatizada y, en ocasiones, amenazada o atacada; historias recientes de agresiones y riesgos a maestros alimentan un clima de inseguridad que se refleja ahora en las aulas. El joven que pronunció la amenaza no actuó en aislamiento: su discurso fue recibido por otros estudiantes y, según testigos, buscó generar adhesiones.

Especialistas en educación y atención a la infancia insisten en que un episodio de este tipo requiere una respuesta multidimensional: seguridad inmediata, investigación formal, atención psicológica para el agresor y las potenciales víctimas, y trabajo comunitario para restablecer la convivencia escolar. Las escuelas deben activar protocolos claros: comunicación con las familias, salvaguarda del personal afectado, y coordinación con autoridades educativas y de justicia para garantizar que no prospere la impunidad.

Para la comunidad escolar, la situación abre preguntas urgentes: ¿qué formación reciben los estudiantes sobre resolución no violenta de conflictos? ¿Qué acompañamiento reciben las familias? ¿Cómo se protegen docentes y alumnos cuando la amenaza proviene de un menor y se comparte en redes? Más allá de la sanción, expertos recomiendan procesos restaurativos cuando sea posible, evaluaciones psicológicas profesionales y medidas educativas que aborden las causas (bullying, exposición a contenidos violentos, modelos de violencia en la comunidad).

La respuesta institucional será clave. La Fiscalía debe determinar si el hecho configura delito —amenaza, incitación o riesgo— y si procede la intervención penal o medidas de protección y tratamiento para el menor. La escuela, por su parte, debe revisar sus protocolos de seguridad, fortalecer el canal de denuncia y ofrecer apoyo emocional a docentes y alumnos afectados.

Este incidente no es sólo una alarma local: es un llamado a repensar la seguridad y la convivencia en las escuelas mexicanas. Los docentes necesitan garantías para enseñar sin miedo; los estudiantes, límites claros y acompañamiento. La autorización y la acción oportuna de autoridades, familias y comunidad educativa definirán si este episodio se atiende con seriedad y prevención, o si se convierte en otro síntoma más de normalización de la violencia.

Redacción | Web del Maestro CMF


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