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Se graduó con honores, pero no sabe leer ni escribir: el caso que sacude al sistema educativo

Aleysha Ortiz se graduó con honores y obtuvo una beca universitaria, pero afirma no saber leer ni escribir. Ahora demanda al sistema escolar por negligencia tras 12 años sin recibir apoyo adecuado.

La historia de Aleysha Ortiz ha generado una fuerte discusión sobre la responsabilidad de los sistemas educativos y la atención que reciben los estudiantes con dificultades de aprendizaje. A sus 19 años, Aleysha se graduó del instituto con honores y consiguió una beca universitaria. Sin embargo, afirma que no sabe leer ni escribir. Ahora ha presentado una demanda contra las autoridades educativas de su ciudad por lo que considera una grave negligencia durante sus 12 años de escolarización.

Una graduación que ocultaba una realidad alarmante

En junio de 2024, Aleysha Ortiz se graduó de Hartford Public High School, en Connecticut. Como muchos estudiantes de último año, debía sentirse orgullosa de haber terminado su etapa escolar. Sin embargo, para ella el momento estuvo marcado por el miedo.

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Aunque su expediente indicaba que había alcanzado honores académicos, la joven afirma que durante toda su educación nunca logró aprender a leer ni a escribir correctamente. Según relató, durante doce años pasó de curso en curso sin recibir la ayuda educativa necesaria para superar sus dificultades.

La situación salió a la luz cuando, en mayo de 2024, Aleysha habló en una reunión del consejo municipal y declaró públicamente que no sabía leer ni escribir, lo que generó preocupación entre las autoridades escolares pocos días antes de su graduación.

Dos días antes de recibir su diploma, funcionarios del distrito escolar le propusieron retrasar la graduación a cambio de recibir servicios educativos intensivos. Aleysha decidió rechazar la propuesta.

“Ellos tuvieron doce años”, afirmó. “Ahora es mi momento”.

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Una joven se graduó con honores sin saber leer y escribir. Esta es la historia. #Noticias #NoticiasTikTok

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Una demanda por negligencia educativa

Tras graduarse, Aleysha presentó una demanda contra la Junta de Educación de Hartford y la ciudad, acusándolas de negligencia en su proceso educativo. También denunció a su gestora de educación especial por haberle causado, según la demanda, angustia emocional debido a comportamientos inapropiados y humillaciones durante su etapa escolar.

Las autoridades educativas han evitado comentar públicamente el caso debido a que se trata de un litigio en curso. En un comunicado, las Escuelas Públicas de Hartford señalaron que siguen comprometidas con atender las necesidades de todos sus estudiantes y ayudarles a alcanzar su máximo potencial.

Sin embargo, el caso ha reavivado el debate sobre la calidad de la educación especial en muchos sistemas escolares.

Dificultades de aprendizaje desde la infancia

Aleysha nació en Puerto Rico. Su madre, Carmen Cruz, recuerda que desde pequeña su hija mostró dificultades para aprender, especialmente en el reconocimiento de letras, sonidos y números.

Cuando Aleysha tenía cinco años, su familia se trasladó a Connecticut con la esperanza de que el sistema educativo estadounidense pudiera ofrecerle mejores recursos para atender sus necesidades.

Sin embargo, según la demanda, las dificultades continuaron.

En primer grado ya presentaba problemas para identificar letras y sonidos. Con el paso del tiempo, al no recibir un apoyo adecuado, comenzó a mostrar problemas de conducta en el aula, lo que llevó a que fuera etiquetada como una estudiante problemática.

La propia Aleysha lo recuerda con claridad.

“Yo era la niña mala”, afirma.

Para cuando llegó al sexto grado, las evaluaciones indicaban que su nivel de lectura estaba entre jardín de infancia y primer grado, una señal alarmante que, según la demanda, no fue abordada adecuadamente.

Diagnósticos tardíos y apoyo insuficiente

Durante su etapa en el instituto, Aleysha recibió varios diagnósticos relacionados con su desarrollo y aprendizaje. Entre ellos:

  • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)
  • Trastorno negativista desafiante
  • Trastorno de ansiedad no especificado
  • Trastorno de comunicación no especificado

No fue hasta su último año de instituto cuando algunos profesores sugirieron realizarle pruebas de dislexia, un trastorno del aprendizaje que afecta la capacidad de reconocer sonidos y relacionarlos con letras y palabras.

Las evaluaciones finales se realizaron prácticamente el último día de clases, según la demanda. Los resultados indicaron que Aleysha aún necesitaba instrucción explícita en fonética, fluidez y comprensión lectora, habilidades que normalmente se enseñan en los primeros años de educación primaria.

La tecnología como herramienta para sobrevivir académicamente

A pesar de sus dificultades, Aleysha logró terminar la secundaria gracias a una estrategia personal basada en el uso intensivo de tecnología.

Utilizaba aplicaciones que convertían texto en audio y audio en texto, lo que le permitía comprender las tareas y responderlas sin tener que leer o escribir directamente.

Su método era complejo y exigente:

  • Grababa todas las clases en su teléfono.
  • Escuchaba nuevamente las explicaciones de los profesores.
  • Usaba programas de voz a texto para buscar definiciones.
  • Convertía ese texto en audio para poder entenderlo.
  • Finalmente dictaba sus respuestas para que el sistema las transformara en texto.

Este proceso podía tomar entre cuatro y cinco horas cada noche, muchas veces hasta la madrugada.

Gracias a esta estrategia y a su enorme esfuerzo personal, Aleysha logró obtener calificaciones altas y cumplir con las tareas escolares.

Ella misma lo explica con claridad:

“Las aplicaciones me dieron una voz que nunca pensé que tendría”.

De la secundaria a la universidad

A pesar de su analfabetismo funcional, Aleysha fue aceptada en la Universidad de Connecticut, donde se matriculó como estudiante de primer año con dos asignaturas y el objetivo de estudiar políticas públicas.

Para completar su solicitud universitaria también utilizó herramientas tecnológicas que convertían voz en texto.

Sin embargo, la vida universitaria ha sido extremadamente difícil. Aunque la universidad le proporciona apoyo académico, Aleysha reconoció que no ha asistido a clases desde febrero debido a problemas de salud mental. Aun así, asegura que planea regresar.

Cuando se le preguntó si podía leer un fragmento de un libro, respondió con una frase que resume su experiencia.

“Veo palabras por todas partes… sin sentido”.

Un debate sobre la responsabilidad del sistema educativo

El caso de Aleysha ha generado preguntas profundas sobre el funcionamiento del sistema educativo y la atención que reciben los estudiantes con necesidades especiales.

Jesse Turner, director del Centro de Alfabetización de la Universidad Estatal de Connecticut Central, afirma que la calidad de la educación especial puede variar considerablemente según el contexto social y económico de cada distrito escolar.

Un informe de 2019 de la organización EdBuild reveló que los distritos escolares con mayoría de estudiantes no blancos reciben 23.000 millones de dólares menos de financiación que aquellos con mayor proporción de estudiantes blancos.

En Hartford, aproximadamente el 90 % de los estudiantes pertenecen a minorías, lo que ha reavivado el debate sobre la equidad educativa.

Turner plantea una pregunta que resume la preocupación de muchos especialistas.

“Estados Unidos debería preguntarse si realmente se preocupa por todos sus niños”.

Más que una historia individual

Para Aleysha y su familia, la demanda busca algo más que una compensación económica.

Su madre afirma que decidió hablar públicamente para que otras familias no tengan que pasar por la misma situación, especialmente aquellas que, como ella, enfrentan barreras lingüísticas o desconocen cómo funciona el sistema educativo.

Aleysha, por su parte, asegura que continuará denunciando lo ocurrido.

No solo porque quiere que los responsables rindan cuentas, sino porque todavía mantiene su sueño.

Quiere aprender a leer, aprender a escribir y, algún día, escribir un libro.

Después de doce años en la escuela sin haber adquirido las habilidades básicas de alfabetización, su historia plantea una pregunta incómoda para cualquier sistema educativo:

¿Cómo puede un estudiante pasar toda su escolaridad sin aprender a leer ni escribir?

Redacción | Web del Maestro CMF

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