“Si no es con alegría, mejor no”: el valor pedagógico de comenzar la clase desde la emoción

La alegría en el aula no es un adorno: es una herramienta pedagógica que fortalece el vínculo, mejora el clima escolar y predispone al aprendizaje significativo desde el primer momento.

En los últimos días se ha viralizado en redes sociales el video de una profesora de República Dominicana que inicia su jornada escolar con música, canto y un enérgico baile frente a sus estudiantes. La docente, Rosa Delmonte, compartió el registro en su cuenta de TikTok, acompañado de una frase que sintetiza su enfoque educativo: “Si no es con alegría y mucho ánimo, mejor no demos clases”. Más allá del carácter viral del contenido, el episodio abre un debate profundo sobre el rol de las emociones en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

El video muestra a la profesora entrando al aula con una actitud festiva, realizando una coreografía mientras los alumnos la siguen, sonríen y participan activamente. Lejos de tratarse de un acto improvisado sin sentido pedagógico, la escena refleja una decisión consciente: generar un clima emocional positivo antes de comenzar la clase formal. Al finalizar el baile, la docente se detiene y, con firmeza y cercanía, da la instrucción que marca el inicio del trabajo académico: “¡Saquen el cuaderno!”. La transición entre emoción y tarea se da de forma natural y ordenada.

Desde la psicología y la neuroeducación, este tipo de prácticas encuentra respaldo en la evidencia científica. Diversos estudios han demostrado que las emociones positivas favorecen la atención, la motivación y la disposición al aprendizaje. Un estudiante que se siente acogido, valorado y emocionalmente activado tiene más probabilidades de involucrarse cognitivamente en la tarea escolar. En este sentido, la alegría no compite con el aprendizaje; por el contrario, puede convertirse en su aliada.

El gesto de la profesora también pone en valor una dimensión muchas veces invisibilizada del trabajo docente: la gestión emocional del aula. Enseñar no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en crear las condiciones para que esos contenidos puedan ser comprendidos y significados por los estudiantes. Esto implica leer el clima del grupo, anticipar estados de ánimo y proponer estrategias que conecten con la experiencia cotidiana de los alumnos, sin perder de vista los objetivos pedagógicos.

La reacción del público en redes sociales refuerza esta lectura. Los comentarios que acompañan el video destacan la vocación, la convicción y la capacidad inspiradora de la docente. Muchos señalan que una actitud así despierta ganas de aprender y de asistir a clases. Otros, incluso, afirman que este tipo de ejemplos los motiva a elegir la docencia como profesión. Estas respuestas no son menores: reflejan una demanda social por modelos educativos más humanos, cercanos y emocionalmente significativos.

Sin embargo, es importante subrayar que la alegría en el aula no debe confundirse con improvisación permanente ni con la ausencia de límites. La escena viral funciona precisamente porque está integrada a una estructura clara: hay un momento de activación emocional y luego una consigna concreta de trabajo. La autoridad pedagógica de la profesora no se diluye; se fortalece a través del vínculo, el respeto y la coherencia entre emoción y enseñanza.

En definitiva, el caso de Rosa Delmonte invita a repensar cómo comienzan las clases y qué lugar se le da a la emoción en la escuela. Iniciar la jornada con alegría no es un gesto superficial ni una moda de redes sociales; es una apuesta pedagógica que reconoce que aprender es un proceso profundamente humano. Cuando el aula se convierte en un espacio donde se puede sentir, participar y luego pensar, el aprendizaje deja de ser una obligación y se transforma en una experiencia con sentido.

Redacción | Web del Maestro CMF


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