El presente artículo se basa en una entrevista realizada por J. A. Aunión, publicada en el diario El País, al sociólogo Mariano Fernández Enguita, catedrático emérito de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid y uno de los especialistas más influyentes en el análisis de los sistemas educativos contemporáneos.
Desde una posición claramente alejada del alarmismo, Fernández Enguita sostiene que la llegada de la inteligencia artificial —y en particular de herramientas como ChatGPT— no debe entenderse como una amenaza para la escuela, sino como un desafío pedagógico ineludible. A su juicio, el error no está en el uso de estas tecnologías por parte del alumnado, sino en la incapacidad del sistema educativo para replantear qué se enseña, cómo se evalúa y con qué sentido se educa en un mundo digitalizado.
Repensar el conocimiento y la evaluación
El sociólogo subraya que la preocupación por el uso de la IA en los trabajos escolares es, en gran medida, infundada. Si un docente considera imprescindible que ciertos contenidos se memoricen o se dominen sin apoyo tecnológico, siempre podrá evaluarlos en contextos controlados. El verdadero problema, afirma, es asumir que solo existe una forma válida de conocimiento y una única manera de evaluarlo. La escuela, recuerda, siempre ha ido modificando —a veces sin decirlo— los saberes que considera esenciales. Resistirse a ese cambio hoy es pedagógicamente insostenible.
En este contexto, Enguita defiende la necesidad de formar a los estudiantes para interpretar información compleja —como datos estadísticos o contenidos generados por IA— aunque no sean expertos técnicos. No se trata de convertir a todos en programadores, sino de enseñar a convivir críticamente con un nuevo ecosistema informacional.
El profesorado ante un cambio ineludible
Uno de los puntos más firmes de su análisis se centra en la formación docente. A diferencia de décadas pasadas, hoy ningún profesional puede ejercer toda su carrera con los mismos conocimientos adquiridos al inicio. Enguita es claro: no es aceptable que un docente se desentienda de la digitalización, de la inteligencia artificial o de la protección de datos alegando que “no va con él”. La función del profesorado no es solo transmitir conocimientos actuales, sino preparar a los alumnos para aprender a lo largo de toda la vida.
IA, datos y riesgos
Aunque reconoce que el impacto real de la IA en las aulas aún es limitado, advierte sobre el uso creciente de sistemas de tutorización inteligente y análisis de datos educativos. Estas tecnologías pueden ayudar a detectar abandono escolar, absentismo o desmotivación, pero también plantean riesgos éticos, de privacidad y de sesgo cultural. Por ello, insiste en la necesidad de contar con especialistas en protección de datos, inteligencia artificial y gestión de información dentro de los centros educativos, evitando trasladar esa carga al profesorado.
Tecnología, móviles y escuela
Frente a los movimientos que promueven expulsar la tecnología de las aulas, Enguita se muestra tajante: es una estrategia equivocada. Los alumnos ya viven inmersos en entornos digitales fuera de la escuela, y pretender aislarlos solo incrementa la desigualdad. La función de la institución escolar no es crear un “santuario” libre de tecnología, sino enseñar a usarla, regularla y también a saber cuándo no utilizarla. Esto incluye normas claras sobre el uso del móvil, bajo supervisión docente y con fines educativos explícitos.
Desigualdad y responsabilidad educativa
Finalmente, el sociólogo advierte que la inteligencia artificial puede amplificar las desigualdades existentes si la escuela no actúa. La brecha más peligrosa no es solo económica o tecnológica, sino la que separa a una escuela desconectada del mundo real de una sociedad que cambia aceleradamente. En este escenario, la educación debe decidir si será parte del problema o parte de la solución.
Fernández Enguita concluye con una advertencia clave: en tiempos de cambio acelerado, toda innovación debe ser revisada constantemente. Las soluciones de hoy pueden convertirse en los problemas de mañana. Por eso, más que prohibir o idealizar la tecnología, la tarea urgente de la escuela es pensar, dialogar, evaluar y actuar con responsabilidad, guiada por valores democráticos y derechos compartidos.
Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: El Paìs