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¿TDAH o una forma diferente de funcionar? Lo que explica Miguel Toribio sobre niños, adolescentes y adultos

Miguel Toribio-Mateas: «Si de pequeño te dicen que eres torpe, esa vivencia influirá en tu inflamación cerebral»

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Miguel Toribio-Mateas: «Si de pequeño te dicen que eres torpe, esa vivencia influirá en tu inflamación cerebral»

Miguel Toribio-Mateas explica que los alimentos más recomendables para el TDAH tienen algo en común: son antiinflamatorios.

Cuerpo y Mente TDAH‘ (Alienta Editorial) habla de neurociencia y salud del eje intestino-cerebro pero, sobre todo, focaliza en el hecho de cuidarse con amabilidad. Su autor, el neurocientífico clínico y biólogo colegiado en el Reino Unido, Miguel Toribio-Mateas, enfoca el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad desde la compasión. «Me parece un punto positivo, incluso necesario». Es, de hecho, el punto de partida de esta obra: dejar de verse como defectuoso y empezar a verse como diferente.

«Mi libro -explica con amabilidad este investigador de la Universidad de Cardiff- no intenta ‘hackear el TDAH’. Intenta enseñar a leer el cuerpo. A entender cómo el eje intestino-cerebro, la regulación autonómica, la dopamina, el descanso y la seguridad emocional interactúan en tiempo real. No es una guía para corregirte. Es una invitación a dejar de pelearte contigo».

A juicio de este profesional, con doctorado en microbiota intestinal y salud mental, la culpa y la autoexigencia crónica, con la comida, con el rendimiento, o con cualquier comportamiento, esa necesidad constante de probar que eres suficiente, desgasta muchísimo. «Todo esto hace que nuestros niveles de energía, atención y sistema nervioso funcionen de manera distinta. Si cambiamos la mirada hacia la autoaceptación y dejamos de vernos como raros, reducimos la carga de estrés crónico. Y eso mejora la regulación emocional. El estrés crónico —por sentirte diferente, por no encajar— tiene efectos psicológicos y físicos reales y se traducen en inflamación, alteraciones hormonales, etc.», explica.

De hecho, apunta Toribio-Mateas, «cuando hablamos de comida, los alimentos más recomendables para el TDAH tienen algo en común: son antiinflamatorios. Pero no podemos mirar solo la biología. Hay que mirar la historia de la persona, su contexto, el entorno, las relaciones. No se trata solo de dopamina y moléculas. Si desde pequeño te dicen que eres torpe, que llegas tarde, que tardas más en hacer las cosas, eso te marginaliza. Y esa vivencia influye en cómo se expresan tus genes y en la inflamación cerebral».

Por eso, explica experto, también docente en la Universidad de West London, «más que verlo como ‘biología defectuosa’, hay que entender el contexto. Y desde ahí pensar en la alimentación. Y en este sentido, soy más de sumar que de quitar. Las dietas ultra restrictivas pueden generar culpa y no son sostenibles. Un día comerás perfecto y otro no. El equilibrio es más realista. Más si se trata de niños«.

En la infancia y la adolescencia, recuerda, «más que el alimento concreto, es fundamental la regularidad. Los horarios y las rutinas en estas etapas vitales generan seguridad. El cerebro aprende por repetición. Si cada día a la misma hora hay merienda, eso se convierte en un ritual seguro. Y qué duda cabe que la regularidad ayuda a la regulación emocional. El TDAH en los más pequeños no es solo déficit de atención, es sobre todo una cuestión de regulación emocional. Y los niños necesitan corregulación: que el adulto les ayude a marcar el ritmo, como un director de orquesta. Ellos todavía no pueden hacerlo solos».

Grupos de alimentación imprescindibles cuando hablamos de TDAH

En cuanto a alimentos concretos, lo más importante, a su juicio, sería incluir los siguientes grupos:

  • Pescado azul, especialmente pequeño: sardinas, caballa, boquerones. Son ricos en omega-3 (EPA y DHA), fundamentales para la función cognitiva y conductual.
  • Proteína, especialmente en el desayuno. Es clave para fabricar neurotransmisores como la dopamina y ayuda a regular el apetito. Además, si el menor toma medicación de liberación prolongada, la proteína por la mañana mejora su estabilidad y duración. Los huevos son por ejemplo una fuente excepcional de colina, un nutriente esencial necesario para producir acetilcolina, implicada en la atención y la memoria
  • Frutos secos y semillas: nueces, almendras, pipas de calabaza, chía, lino. Aportan grasas saludables, magnesio, zinc, fibra y antioxidantes..
  • Legumbres: garbanzos, lentejas, alubias. Son ricas en fibra fermentable que nutre la microbiota y ayudan al eje intestino-cerebro.
  • Cereales integrales: Copos de avena, trigo sarraceno, centeno, cebada. Aportan fibra, polifenoles y energía estable. Se pueden usar en desayunos, sopas, guisos.
  • Fruta y verdura: por la fibra, antioxidantes e hidratación. «Incluso una deshidratación del 2% puede reducir la capacidad cognitiva de forma notable», advierte este doctor, quien recuerda que comer fruta es también una forma de hidratarse. «Los frutos rojos son interesantes, y pueden ser congelados para que resulten más asequibles», añade.
  • Alimentos fermentados como kéfir o chucrut pueden ayudar, «pero sin forzar. Si a un niño no le gustan esas texturas, no hay que obligarlo. Se puede adaptar con kéfir batido con plátano y cacao, por ejemplo. Flexibilidad siempre».
  • En este aspecto el sueño también es clave. En el TDAH, señala, «la melatonina suele liberarse más tarde, por eso hay más tendencia nocturna. Se puede modificar con hábitos, pero requiere constancia. Y no solo el sueño: el descanso. Permitirse descansar sin culpa y decir que no cuando la batería social está baja. A veces la persona no está cansada físicamente, sino emocionalmente. El autocuidado, que es algo que los padres tienen que enseñar a sus hijos, es escuchar el cuerpo, entender el contexto y darte permiso para actuar en coherencia con tus necesidades».

En definitiva, concluye Toribio, «cambiar la narrativa: no es estar roto, es tener un neurotipo diferente. Desde ahí, alimentación, sueño, rutinas y autocompasión se convierten en herramientas de regulación, no en obligaciones rígidas».

Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: ABC – Carlota Fominaya

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