En una entrevista publicada en el diario El Mundo, firmada por la periodista Olga R. Sanmartín el 28 de enero de 2022, el filósofo y pedagogo José Antonio Marina lanza una advertencia clara y profundamente incómoda para el sistema educativo actual: no se está educando a los niños en la atención. Lejos de ser una afirmación retórica, su diagnóstico apunta a un problema estructural que afecta al aprendizaje, al carácter y a la formación intelectual de las nuevas generaciones.
Marina sostiene que, en nombre de determinadas teorías psicológicas y modas pedagógicas, la escuela ha desplazado conceptos esenciales como la voluntad, la responsabilidad y el deber, sustituyéndolos por una visión simplificada del aprendizaje centrada casi exclusivamente en la motivación. El resultado, según el filósofo, es paradójico: al insistir en que el alumno debe estar motivado para aprender, se debilita precisamente una de las capacidades más importantes de la inteligencia humana: la atención voluntaria.
La atención no es espontánea: se educa
Uno de los ejes centrales de su reflexión es la distinción entre atención espontánea y atención voluntaria. La primera es inmediata, automática, fácilmente capturada por estímulos rápidos como las pantallas; la segunda exige esfuerzo, control y entrenamiento. Marina es tajante: la escuela actual favorece la atención espontánea, pero descuida la educación de la atención voluntaria, que es la que permite concentrarse en aquello que no resulta atractivo de inmediato, pero que es intelectualmente necesario.
Desde esta perspectiva, afirmar que un niño no puede aprender si no está motivado implica, en el fondo, renunciar a educar su voluntad. Para Marina, este planteamiento elimina la noción de deber, que no es una imposición autoritaria, sino una estructura básica de la inteligencia y de la libertad. Aprender a hacer lo que se debe, incluso cuando no apetece, es parte del proceso mediante el cual el ser humano desarrolla autocontrol, responsabilidad y autonomía.
Memoria, hábitos e inteligencia
Otro punto clave de la entrevista es la defensa de la memoria frente a su desprestigio en la escuela contemporánea. Marina rechaza la idea de que memorizar sea una práctica obsoleta o mecánica. Por el contrario, sostiene que la memoria es activa, dinámica y constituye el núcleo de la inteligencia. “La educación es la construcción de la memoria”, afirma, subrayando que sin ella no hay comprensión, ni razonamiento, ni pensamiento complejo.
Aprender la tabla de multiplicar, un idioma o determinados automatismos cognitivos no empobrece la inteligencia: la amplía. Estos aprendizajes generan hábitos, y los hábitos —de atención, de esfuerzo, de razonamiento— configuran el carácter intelectual del alumno. Desde la neurociencia, Marina vincula estos procesos al desarrollo de las funciones ejecutivas, localizadas en el lóbulo frontal, cuya maduración es lenta y requiere guía adulta, límites claros y entrenamiento progresivo.
Motivación sin límites: un riesgo educativo
El filósofo advierte que la sobrevaloración de la motivación ha generado un efecto colateral preocupante: la impulsividad y la dificultad para mantener proyectos a largo plazo. Si todo depende del estado emocional del momento, desaparecen la voluntad consciente y la responsabilidad personal. La educación, recuerda Marina, no consiste solo en despertar intereses, sino en enseñar a sostener el esfuerzo, a obedecer primero para, más adelante, aprender a autodirigirse.
Esta reflexión no se limita a la infancia. Marina señala que también los adultos están perdiendo capacidad de atención, en gran medida por el impacto de las nuevas tecnologías y la fragmentación constante de la información. Mensajes breves, estímulos continuos y falta de profundidad cognitiva erosionan la concentración, que él define como “el combustible de todas las funciones cerebrales”.
Una llamada de atención a la escuela
Las palabras de José Antonio Marina, recogidas por El Mundo, no son una defensa nostálgica de la escuela del pasado, sino una llamada a recuperar equilibrios perdidos. Motivación y deber no son conceptos opuestos; emoción y voluntad deben convivir en una educación que aspire a formar personas libres, responsables y capaces de pensar con profundidad.
Ignorar la educación de la atención, expulsar el concepto de deber y reducir el aprendizaje a la motivación inmediata no solo empobrece la escuela: compromete el desarrollo intelectual y moral de los alumnos. La advertencia está hecha. La pregunta pendiente es si el sistema educativo está dispuesto a escucharla.
Redacción | Web del Maestro CMF







Habla en términos del deber ser y de una lectura errónea de la realidad .. Solo lo que motiva se aprende .. lo demás se pierde en la incomprensión y el sano olvido de lo no aprendido.