León XIV prepara una visita a Perú, el país donde fue obispo y del que obtuvo la nacionalidad: Será el primer Papa americano que visita su país

La Conferencia Episcopal Peruana avanza en la organización de la visita del Papa al Perú, prevista para finales de año, con una estadía de hasta siete días.

Tras su elección como pontífice en mayo de 2025, León XIV ha mantenido un vínculo explícito y constante con el Perú, país donde desarrolló una parte decisiva de su vida pastoral y del que obtuvo la nacionalidad en 2015. Lo que durante meses fue percibido como una expectativa emocional y simbólica comienza ahora a tomar forma concreta: la Conferencia Episcopal Peruana ha confirmado que la visita papal se encuentra en fase avanzada de organización y podría realizarse hacia finales de este año.

El anuncio fue realizado por el presidente del episcopado peruano, monseñor Carlos García Camader, quien aseguró que el propio Papa ha manifestado reiteradamente su deseo de regresar al país. Según sus declaraciones, la fecha estaría definida en un 80 %, con alta probabilidad de realizarse en noviembre o, a más tardar, en la primera semana de diciembre. Más allá del calendario, el tono del mensaje deja entrever una relación que trasciende lo institucional: León XIV no habla del Perú como un destino diplomático, sino como un lugar profundamente personal.

La confirmación de este posible viaje se dio luego del reciente encuentro entre el Papa y los obispos de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del país, celebrado en Roma. En ese contexto, la delegación peruana obsequió al Pontífice un mosaico de la Virgen María y una imagen de Santa Rosa de Lima, patrona de América. Ambas piezas fueron colocadas en los jardines vaticanos durante una ceremonia cargada de simbolismo, que muchos interpretan como un gesto de reciprocidad espiritual entre Roma y el Perú.

El vínculo de León XIV con el país no es reciente ni circunstancial. Su historia peruana se extiende a lo largo de tres etapas bien definidas. La primera se remonta a los años ochenta, cuando, ya sacerdote, fue destinado a la misión agustiniana de Chulucanas, en la región Piura, una de las zonas más pobres y exigentes del norte peruano. Aquella experiencia marcaría su mirada pastoral, caracterizada por la cercanía, la austeridad y el trabajo directo con comunidades vulnerables.

La segunda etapa, la más extensa, transcurrió entre finales de los años ochenta y 1999, cuando residió en Trujillo. Allí desempeñó múltiples funciones: prior de la comunidad agustiniana, director de formación, profesor del Seminario Mayor San Carlos y San Marcelo y vicario judicial de la arquidiócesis. Fue también la única vez que ejerció como párroco, en la iglesia Nuestra Señora de Monserrat, y más tarde impulsó la construcción de la parroquia Santa Rita de Cascia. Su paso por Trujillo consolidó su perfil como formador, jurista eclesiástico y pastor cercano.

La tercera etapa se dio ya en el siglo XXI, cuando fue nombrado obispo de Chiclayo, cargo que ejerció durante siete años y medio hasta abril de 2023. Durante ese periodo, y en plena pandemia, asumió además la administración apostólica del Callao. En esos años se hizo habitual una imagen poco frecuente en la alta jerarquía eclesiástica: el obispo recorriendo personalmente, al volante de su propio vehículo, los casi 770 kilómetros que separan Chiclayo del principal puerto del país, sin escoltas ni privilegios.

Desde el inicio de su pontificado, el Perú ha respondido a esta historia compartida con un notable interés cultural y social. Se han publicado libros que reconstruyen su paso por el país, se han organizado exposiciones fotográficas y se han creado rutas turísticas vinculadas a su figura. En octubre pasado, incluso, se inauguró en Chiclayo una estatua de cinco metros de altura en su honor. Todo ello refleja no solo admiración, sino también un sentido de pertenencia mutua.

La eventual visita de León XIV se produciría, además, en un contexto particularmente sensible para el país, marcado por la incertidumbre política y la elección de un nuevo presidente, el octavo en apenas una década. En ese escenario, su presencia podría adquirir un significado que va más allá de lo religioso: un gesto de cercanía, estabilidad moral y memoria compartida en un tiempo de fragilidad institucional.

Más que el regreso de un Papa, el Perú se prepara para recibir a alguien que conoce su historia, su gente y su fe desde dentro. Y eso, para millones de fieles, no es un detalle menor.

Redacción | Web del Maestro CMF


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