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Inger Enkvist: “Los profesores debemos buscar la verdad, no alabar al gobierno de turno”

Los profesores deberíamos sentir vergüenza de recibir un salario sin cumplir con lo que corresponde para merecerlo.

La catedrática emérita de español de la Universidad de Lund (Suecia), Inger Enkvist, participó en una entrevista publicada en el canal de YouTube de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). En esa conversación abordó temas históricos y educativos, reflexionando sobre el papel de las instituciones, la enseñanza de la historia y, especialmente, la responsabilidad intelectual de los profesores. A partir de su experiencia como investigadora y docente universitaria, Enkvist plantea una idea central: la misión de los docentes no es respaldar al poder político, sino buscar y transmitir la verdad con rigor académico.

El compromiso intelectual del profesor

Uno de los mensajes más claros de Enkvist es que la tarea del docente tiene una dimensión ética e intelectual que no puede subordinarse a intereses políticos. En su opinión, las instituciones educativas existen porque la sociedad necesita conocimiento fiable y análisis crítico.

Según explica, los profesores reciben un salario precisamente para investigar, enseñar y transmitir conocimiento con honestidad. Por ello, considera que el docente debe sentirse responsable ante la sociedad y no ante el gobierno de turno.

Para Enkvist, el dilema es claro: un profesor puede optar por limitarse a repetir discursos oficiales o asumir una tarea más elevada: buscar la verdad y transmitirla con independencia intelectual. Esta segunda opción, sostiene, es la que da sentido a la profesión docente.

La enseñanza de la historia y el riesgo de la manipulación

En la entrevista, Enkvist también se refiere a su investigación sobre la historia española, especialmente sobre la Segunda República Española. Tras estudiar los materiales históricos y los debates de la época, afirma que existe una distancia entre lo que aparece en algunos libros de texto y lo que muestran las fuentes históricas.

La académica sostiene que en ocasiones la historia se presenta desde perspectivas influenciadas por intereses políticos o ideológicos, lo que puede conducir a interpretaciones incompletas o sesgadas. A su juicio, uno de los problemas más frecuentes no es necesariamente la mentira directa, sino la omisión de datos importantes o el desequilibrio en la presentación de los hechos.

Enkvist subraya que cuando la historia se utiliza para justificar proyectos políticos actuales, el conocimiento histórico pierde su función educativa y se convierte en instrumento de propaganda.

Los libros de texto y la construcción de la opinión

Otro de los puntos que destaca es el papel de los libros escolares. Enkvist observa que muchos manuales actuales han cambiado su estructura tradicional. En lugar de textos desarrollados, frecuentemente presentan fragmentos breves acompañados de preguntas, imágenes y actividades.

En su opinión, este formato puede tener ventajas pedagógicas, pero también puede orientar la interpretación del alumno hacia determinadas conclusiones. Cuando las preguntas, las imágenes y los fragmentos están seleccionados de manera parcial, el estudiante puede creer que está llegando a una conclusión por sí mismo, aunque en realidad el material esté diseñado para dirigir su interpretación.

Por ello, la profesora insiste en que la escuela debe ser una institución confiable para las familias, donde los estudiantes aprendan las bases del conocimiento necesarias para formar criterios propios cuando sean adultos.

La universidad y el nivel intelectual

La preocupación de Enkvist no se limita a la escuela. También advierte sobre los desafíos que enfrentan las universidades europeas. Según explica, la universidad ha sido históricamente uno de los pilares de la cultura europea, basada en la lectura, el debate intelectual y el análisis crítico.

Cuando la universidad pierde ese nivel de exigencia y se convierte únicamente en un espacio de permanencia juvenil sin rigor académico, la institución deja de cumplir su función social. Para Enkvist, mantener un alto nivel intelectual no es una cuestión elitista, sino una condición necesaria para preservar la calidad del conocimiento.

Polarización política y cultura democrática

En la entrevista también reflexiona sobre el clima político contemporáneo. Enkvist observa una tendencia creciente a sustituir el debate de ideas por la descalificación del adversario.

Desde su perspectiva, el ideal democrático consiste en que los partidos presenten sus programas y que los ciudadanos puedan compararlos libremente. Sin embargo, cuando el debate se centra en ataques personales o campañas de deslegitimación, los votantes tienen más dificultades para comprender qué propuestas reales están en juego.

Además, advierte que la polarización política puede deteriorar el respeto institucional y social, algo que considera especialmente peligroso para las democracias.

La educación como defensa de la sociedad abierta

Enkvist también recuerda que las sociedades europeas actuales —con libertades civiles, derechos individuales y estabilidad institucional— son el resultado de procesos históricos largos y complejos.

Por ello, considera fundamental enseñar la historia y la cultura de forma rigurosa, para que las nuevas generaciones comprendan cómo se han construido esas libertades. Si la educación transmite versiones simplificadas o ideologizadas del pasado, advierte, puede debilitar el respeto por las instituciones y por el marco democrático.

El papel del docente en una sociedad democrática

La conclusión central de la reflexión de Enkvist es que la educación debe servir a la sociedad, no a los intereses políticos del momento. En ese sentido, el profesor tiene una responsabilidad pública que va más allá del aula.

El docente, afirma, debe defender el conocimiento, el pensamiento crítico y el respeto por la verdad, incluso cuando esto implique cuestionar narrativas dominantes o discursos políticos.

En palabras de la académica, la misión de la educación no es alabar al gobierno de turno, sino formar ciudadanos capaces de pensar con independencia. Esa tarea —difícil pero esencial— es la que permite que las instituciones educativas cumplan su verdadero papel en una sociedad democrática.

Redacción | Web del Maestro CMF

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