El debate sobre la escasez docente en Chile ha tomado fuerza en los últimos años, pero pocas veces se analiza con la profundidad que requiere. En su columna, Jorge Cortés Vásquez, profesor de Ciencias Naturales y experto en Educación de Jóvenes y Adultos, plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿realmente faltan profesores o el problema radica en la falta de voluntad para contratarlos, retenerlos y protegerlos?
Una crisis que va más allá de las cifras
Diversos estudios han advertido que cerca de 22.949 docentes menores de 40 años están fuera del sistema escolar, lo que representa aproximadamente un 14% del total. A esto se suma una proyección aún más preocupante: entre 25.000 y 30.000 plazas podrían quedar sin cubrir, mientras que organismos como la UNESCO alertan sobre un déficit global de 44 millones de docentes.
Estas cifras, aunque alarmantes, no cuentan toda la historia. El problema no es únicamente la falta de profesores, sino la desconexión entre la oferta laboral y las condiciones reales del sistema educativo. Mientras se discute elevar los requisitos de ingreso a pedagogía —como el aumento del puntaje de corte—, las universidades enfrentan una realidad evidente: cada vez menos estudiantes quieren ser docentes.
El problema invisible: docentes sin empleo
Uno de los puntos más críticos que expone el autor es la falta de claridad sobre cuántos profesores están realmente buscando trabajo. Existe una paradoja evidente: se habla de déficit, pero hay docentes desempleados o atrapados en reemplazos temporales durante años.
Muchos profesionales viven en una constante incertidumbre laboral, pasando de contrato en contrato sin lograr estabilidad. Otros, incluso con contratos indefinidos, enfrentan un estrés permanente debido a la posibilidad de ser desvinculados a fin de año. El 28 de diciembre no es solo una fecha: es un símbolo del temor docente, asociado al aviso de término de funciones.
Esta realidad genera efectos profundos: desgaste emocional, enfermedades asociadas al estrés y, en muchos casos, el abandono de la vocación. Cuando la sobrevivencia reemplaza a la vocación, el sistema educativo comienza a deteriorarse desde su base.
SLEP, inestabilidad y fuga de talentos
El sistema de Servicios Locales de Educación Pública (SLEP), que surgió como una solución para fortalecer la educación pública, ha generado efectos contradictorios. En algunos contextos, ha incrementado la percepción de inestabilidad laboral, provocando que muchos docentes opten por migrar hacia el sector particular subvencionado.
Este fenómeno revela una dinámica preocupante: la fuga de talentos desde el sistema público hacia espacios que ofrecen mayor estabilidad, aunque históricamente estos también hayan tenido prácticas laborales cuestionables.
Decisiones directivas y arbitrariedad
Otro elemento crítico señalado por Cortés Vásquez es la influencia de algunos equipos directivos en la permanencia de los docentes. Las decisiones no siempre se basan en criterios pedagógicos o en el desarrollo profesional, sino en factores subjetivos como “me sirve” o “cuestiona demasiado”.
Esto genera un efecto perverso: los docentes mejor informados, críticos y comprometidos con la normativa pueden ser percibidos como problemáticos, lo que los convierte en candidatos a ser desvinculados. En lugar de fortalecer la profesionalización docente, el sistema castiga la autonomía y el pensamiento crítico.
El rol del Estado: una deuda pendiente
El autor es claro al señalar que el Ministerio de Educación debe asumir un rol más activo. No basta con diagnosticar el problema; es necesario intervenir con políticas concretas que protejan a los docentes y favorezcan su estabilidad laboral.
Entre las medidas necesarias destacan:
- Programas de capacitación gratuita para docentes desempleados
- Sistemas efectivos de reubicación laboral
- Plataformas funcionales de intermediación, como “Docentes para Chile”
- Políticas de estabilidad y protección contractual
Aunque existen iniciativas en desarrollo, estas aún resultan insuficientes o poco implementadas en la práctica.
Una contradicción estructural del sistema
Uno de los puntos más contundentes del análisis es la comparación entre profesiones. Hoy es posible que un ingeniero sea contratado para enseñar en un colegio, pero un profesor difícilmente será considerado en otros sectores laborales.
Esta asimetría evidencia una desvalorización estructural de la profesión docente. Se exige mucho al profesor, pero se le ofrece poco a cambio, tanto en términos de reconocimiento como de estabilidad.
Reflexión final: entre el discurso y la realidad
La columna cierra con una crítica directa al discurso de la “excelencia académica”. No puede hablarse de calidad educativa si quienes sostienen el sistema viven en condiciones de inseguridad laboral.
El autor utiliza una metáfora clara y potente: el riesgo de caer en el “Cura Gatica”, aquel que predica, pero no practica. El sistema educativo chileno enfrenta precisamente ese dilema: exige excelencia, pero no garantiza condiciones dignas para alcanzarla.
Una llamada urgente a la acción
Más que un diagnóstico, el texto de Jorge Cortés Vásquez es un llamado a la coherencia y a la responsabilidad institucional. La educación no se sostiene con discursos, sino con políticas reales que valoren y protejan a quienes enseñan.
La pregunta inicial sigue abierta, pero la respuesta parece cada vez más evidente:
no es solo que falten profesores; es que el sistema no está sabiendo cuidarlos, retenerlos ni darles el lugar que merecen.
Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: CIPER