Erika di Martino, madre de 5 hijos: “Ninguno de ellos ha ido nunca a la escuela porque es un sistema anacrónico que no tiene en cuenta la vida real”

Erika di Martino defiende la educación en casa y cuestiona la escuela tradicional por alejarse de la vida real infantil.

La afirmación de Erika Di Martino —“Ninguno de mis hijos ha ido nunca a la escuela porque es un sistema anacrónico que no tiene en cuenta la vida real”— ha generado debate y reflexión en el ámbito educativo. La frase, recogida en una nota periodística realizada por Christian Jiménez para La Vanguardia, no surge como una provocación aislada, sino como la síntesis de una experiencia educativa sostenida en el tiempo y de una crítica profunda al modelo escolar tradicional.

Erika Di Martino es madre de cinco hijos, educadora y fundadora de la organización sin ánimo de lucro Libera Schola, con sede en Milán. Su decisión de no escolarizar a sus hijos no parte —según explica— de un rechazo frontal a la escuela como institución, sino de una intuición pedagógica: la convicción de que la infancia no debería ajustarse prematuramente a un sistema rígido, estandarizado y poco conectado con la experiencia cotidiana de los niños.

En el centro de su crítica aparece una idea clave: la escuela, tal como funciona hoy, responde más a demandas externas —currículos cerrados, evaluaciones homogéneas, tiempos administrativos— que a las necesidades reales del desarrollo infantil. Para Di Martino, el aprendizaje debería organizarse en torno a habilidades, contextos reales y problemas de la vida diaria, y no únicamente alrededor de contenidos abstractos descontextualizados. Desde esta perspectiva, el aula tradicional corre el riesgo de convertirse en un espacio donde se entrena la adaptación al sistema antes que la comprensión del mundo.

La educación en casa, o homeschooling, se presenta así como una alternativa que permite personalizar los procesos de aprendizaje, respetar los ritmos individuales y vincular el conocimiento con la experiencia vital. En el modelo que defiende Di Martino, la educación no se concibe como una obligación impuesta, sino como una elección que se renueva con el tiempo, combinando libertad y responsabilidad. Sus hijos, afirma, siempre tuvieron la posibilidad de optar por la escolarización tradicional, pero nunca lo solicitaron.

Los resultados de esta elección son uno de los elementos que refuerzan su postura. El mayor de sus hijos, que nunca asistió a un aula convencional, cursa actualmente el tercer año de ingeniería matemática en la Universidad Politécnica de Milán, mientras que los demás ya se han incorporado al mundo laboral. Para Di Martino, estos trayectos demuestran que es posible desarrollarse académica y profesionalmente fuera del sistema escolar clásico.

No obstante, la nota de La Vanguardia también recoge las tensiones que rodean al homeschooling. En España, esta práctica sigue siendo minoritaria y se mueve en un terreno legal ambiguo: la educación es obligatoria entre los 6 y los 16 años, pero la ley no especifica de forma explícita que deba realizarse en un centro escolar. Esta laguna legal permite ciertas experiencias alternativas, aunque expone a las familias a posibles conflictos con las autoridades.

Además, voces expertas advierten sobre los límites de este modelo. Psicólogos y especialistas en desarrollo infantil subrayan que la educación no se reduce a la adquisición de conocimientos, sino que implica socialización, convivencia con la diversidad y aprendizaje de normas compartidas. Desde esta mirada crítica, la escuela sigue siendo un espacio insustituible de encuentro social y construcción colectiva.

En este contexto, las palabras de Erika Di Martino no pretenden clausurar el debate, sino abrirlo. Su cuestionamiento interpela a un sistema educativo que, para muchos, parece cada vez más distante de la vida real que dice preparar. Más allá de estar o no de acuerdo con su elección, su testimonio obliga a una reflexión de fondo: si la escuela sigue respondiendo a las necesidades de los niños o si, por el contrario, es el sistema el que necesita ser repensado para volver a dialogar con la realidad.

Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: La Vanguardia


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