Catherine L’Ecuyer: Tres factores que son más determinantes que el confinamiento en sí

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Catherine L’Ecuyer, de nacionalidad canadiense y residente en Barcelona (España), es máster de Investigación y Doctora en Educación y Psicología, autora de varios libros y artículos sobre el tema de la educación, entre ellos Educar en la realidad y Educar en el asombro, también tiene un blog; colabora en la Universidad de Navarra y es articulista para varios medios como escritos. Y es desde una de sus publicaciones en El País (26/03/2020), que nos orienta sobre tres factores (que variarán según nuestra geografía y realidad social) que hay que tener en cuenta en este tiempo de confinamiento que estamos viviendo (en casi todo el mundo), por el cierre de las escuelas y las exigentes medidas de la cuarentena por la pandemia del Covid 19, y sus efectos sobre cada uno de los tres agentes del proceso enseñanza – aprendizaje.

Todos estamos viviendo “un experimento a gran escala para el que no hay manual de instrucciones, salvo el buen humor, la amabilidad, el cariño y la generosidad”, y como educadores tendremos la intuición suficiente para “separar la paja del trigo”, para confiar en la gran ayuda que tiene la educación para salir bien y pronto de esta dura “tempestad”.

En esa misma dirección, Catherine L’Ecuyer, nos anima, tanto los padres de familia como los profesores, a descubrir la riqueza creativa y motivadora que tiene todo el proceso de enseñanza – aprendizaje. Estamos en un momento histórico, (personal y comunitario) en que no debemos dar nada por supuesto respecto a la tarea educativa. A no repetir: “así se tiene que hacer porque así siempre se ha hecho”. En educación la última palabra no esta dicha.

Tanto los padres de familia como como los profesores, nos encontremos frente a un panorama que no habíamos vislumbrado ni aún en los momentos más creativos e imaginativos de la casuística en que tenemos que hacer nuestras planificaciones. Y eso, que como educadores (tanto padres de familia como profesores) siempre tenemos ese “sexto sentido” para adelantarnos a los acontecimientos, prever, presentir, intuir, …   y contar con las herramientas convenientes, y ajustadas a nuestra realidad. Esta es una experiencia inédita, que necesita una respuesta original y en conjunto (escuela y familia), que tiene en cuenta la ineficacia de encontrar “paliativos” o buscar culpables: es inútil y aburrido que nos quejemos unos de otros o de seguir leyendo y comentando en las redes lo mal que van las cosas.

Este largo (e indeterminado) tiempo de encierro, según los especialistas educativos, coinciden en que debemos poner atención (a tiempo) sobre los efectos y consecuencias que incidirán sobre los tres agentes fundamentales del proceso educativo; y que están ahora penetrando en los hogares y van a tener secuelas con el carácter, la alimentación, el sueño, la autoestima, las relaciones con los otros, la atención, la memoria, el rendimiento escolar, …. cuando se regrese a las clases presenciales. Y más de un especialista nos señala que, este panorama podría ser más preocupante, si se prolonga por más tiempo (como parecer ser); lo que hace importante el ir estudiando y encontrando los mecanismos de superación psicológico y emocional. Les sugerimos este artículo de Ana Camarero: MANTENER A LOS NIÑOS ACTIVOS DURANTE LA CUARENTENA: “ES CLAVE QUE LOS PADRES Y MADRES SEAN EJEMPLO”

Publicación recomendada: VEINTE PELÍCULAS PARA TRABAJAR LA-RESILIENCIA CON TUS ALUMNOS O HIJOS.

Recordemos que los profesores, desde nuestra formación inicial docente, nos preparamos para transformar las adversidades, las limitaciones materiales y humanas, la mezquina valoración de los gobiernos por la tarea docente, el recibir un salario por debajo de otros de menor responsabilidad, el aceptar los desafíos como una educación a distancia por emergencia sanitaria, …, se convierten en oportunidades de aprendizaje y resiliencia, en retos de formación permanente y en creatividad para hallar nuevas o renovadas rutas de enseñanza. Y también aprendemos lo importante que es construir y moldear nuestra dimensión personal, y el importante peso que tiene nuestra buena salud mental y emocional para entrar en el aula. Sabemos que vale mucho la forma cómo activamos nuestra capacidad de resiliencia, cómo nos comunicamos, intervenimos y nos relacionamos con nuestros estudiantes, padres de familia y colegas. No toda nuestra formación debe de ser académica de excelencia, sino también personal, afectiva y emocional de calidad y grandeza. ¿Nos atreveremos a ofrecernos un poco de tiempo (ahora que tenemos más que antes) para fortalecer nuestra vida interior?

EDUCACIÓN A DISTANCIA: CONSEJOS PARA REFORZAR LA COLABORACIÓN ENTRE EL COLEGIO Y LA FAMILIA

La experiencia de este “confinamiento” para evitar el contagio y propagación del virus Covid 19, nos puede perturbar emocionalmente a todos, pero hoy de manera particular les invitamos a preguntarse: ¿qué consecuencias tendrá, en la vida emocional, en el alma, en corazón, en la mente, … de nuestros estudiantes, este tiempo de permanencia obligatoria en hogar, sin salir a la calle, sin tener compañeros cerca, sin ir a la escuela, a la tienda, al parque, a visitar a sus familiares, …? ¿qué efectos adversos puede causar el confinamiento en nuestros estudiantes? ¿cómo sacar provecho de este duro período de confinamiento?

Previamente a respondernos a esas o similares preguntas, la profesora Catherine L’Ecuyer nos propone, tener en cuenta estos tres factores que afectan a (algunos de) nuestros estudiantes de diferente modo y influencia:

1. LOS NIÑOS SON SUPERVIVIENTES.

Para no pocos de los niños el confinamiento, el permanecer encerrados en la casa no es nuevo, y tienen naturalmente “una capacidad de adaptación que ningún adulto posee”. Esta experiencia también se da en algunas escuelas, donde se da mucha importancia al cerrar las puertas, para los que llegan tarde, “para que no se escapen”, … cuando deberían cerrarse para que no entren perturbadores o personas inoportunas. Nadie dice que el encierro (o confinamiento sanitario) convenga, sino que se tiene que aprovechar este momento para educar con una visión de aceptar las limitaciones, renunciar voluntariamente, solidarizarse espontáneamente …  por el bien común.  O como dice Fernando Savater: educarnos para entender que “la solidaridad convierte a una muchedumbre en sociedad”.

Tengamos en cuenta, que ordinariamente, cuando nuestros estudiantes vuelven a casa se les mantiene sin salir para que hagan y cumplan los deberes escolares y “actividades extraescolares. Y muchos apenas ven a sus padres, que llegan por la noche, agotados. Así que esta experiencia del confinamiento no les es extraña. Sin duda, si pueden de ordinario con todo eso, deberían ser capaces también de aguantar este confinamiento que ahora lo viven con mayor cercanía a toda su familia (como quizá nunca antes). “Hasta, incluso, les podría ir bien en ciertos aspectos, si se lleva a cabo correctamente”, opina L’Ecuyer.

2. LAS CIRCUNSTANCIAS DEL CONFINAMIENTO

Los hogares de nuestros estudiantes no son iguales, (algunas veces diametralmente opuestos) en cuanto a infraestructura, espacios, uso de tecnologías, ubicación geográfica, situación económica, contexto familiar, … “no es lo mismo vivir solo o con una persona deprimida o con problemas mentales que en una familia en la que hay equilibrio psicológico. […] No es igual que los padres se griten y se tiren los platos a la cabeza a que haya un ambiente de paciencia y de escucha generosa; no es lo mismo estar todo el día delante de la pantalla que leyendo libros y conversando; no es lo mismo que los padres compartan su ansiedad porque no tienen ingresos para llegar a final de mes, que lo lleven con alegría y buen humor a pesar de las dificultades” estas semanas de confinamiento.

De otro lado, los recursos tecnológicos (si existen), pueden ser usados indiscriminadamente, sin normas, sin horarios, creando en el hogar la sensación de estar viviendo el fin de mundo, con noticieros que dan cuenta a cada momento sobre el número de muertos y contagiados; o también pueden ser usados con unas reglas que permitan a todos vivir en un ambiente silencioso de trabajo y de sano esparcimiento. Estas circunstancias también serán diferentes, si existe un solo televisor, un solo ordenador, computadora, laptop, móvil, … La Profesora L’Ecuyer nos dice que lo más importarte, para sacar una enseñanza positiva en este factor, es el que nuestros estudiantes sientan y vean que sus padres están bien. Ellos “buscan la clave de interpretación de la realidad mirando a los rostros de sus padres, con los que tienen un vínculo de apego. Educamos con y desde la mirada. Como decía Robert Fulghum, “no te preocupes porque tus hijos no te escuchan; te observan todo el día“.

3. OPORTUNIDAD PARA ENSEÑARLES LAS PEQUEÑAS COSAS DE UNA VIDA SENCILLA

Desde hace buen tiempo, dice Catherine L’Ecuyer, “se ha puesto de moda reclamar la creación de asignaturas nuevas en los colegios para aprender cosas que, a mi juicio, deberían aprenderse en casa”. Y este puede ser el tercer factor, siempre que la situación laboral lo permita, para planificar en este tiempo de confinamiento, la enseñanza de sencillas tareas domésticas, como coser un botón, cocinar legumbres, lavar verduras y frutas, hacer una infusión o gelatina, cortarse las uñas, limpiarse bien las manos, asear el dormitorio, acomodar bien una cama, cuidar de una planta limpiando sus hojas con delicadeza, …

Este es un factor que ser aprovechado de manera práctica, paciente, amable, dialogal, … puede enseñar a descubrir el cómo disfrutar de la convivencia familiar, el valor del silencio propio y ajeno, y de una vida abierta a la escucha y a la atención del otro, aprenderán o habrán dejado pasar la oportunidad de entender e interiorizar que “si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos” (Cicerón), porque “para ser bueno no debemos buscar sobresalir en perjuicio de nadie” (F. Nietzsche).  De este confinamiento nuestros estudiantes pueden salir convencidos que todos debemos unirnos y sumar no para destruir sino para construir puentes y que el futuro personal y familiar, está muy unido al bien común de la humanidad.

La publicación completa de Catherine L’Ecuyer está en este enlace: ESTEMOS TRANQUILOS, LOS NIÑOS SON UNOS SUPERVIVIENTES

La forma cómo se vivan estos tres factores, más que el confinamiento en sí, traerá consecuencias inéditas, no experimentadas hace más de cien años. No tenemos “recetas”. No sabemos con certeza cuáles son, pero sí sabemos que dependerá de nosotros los educadores (padres y profesores) el cómo dirijamos esta nave en medio de esta tormenta de la pandemia del coronavirus.

Necesitamos renovar en nosotros esa real pasión por aprender cada día, el preguntarnos continuamente el por qué, el adquirir una opinión crítica y propia, no dar por supuesto nada, el estar siempre accesibles a escuchar y dialogar para encontrar nuevos caminos de enseñanza – aprendizaje, el estar convencidos que la última palabra en educación aún no está dicha, … entonces podemos continuar como docentes para responder al futuro, para ser como árboles que dan fruto porque sabemos que “el talento es más barato que la sal de mesa. Lo que separa el individuo talentoso del éxito es un montón de trabajo duro” (Stephen King).

Es verdad que todos «saldremos distintos» de la crisis causada por las medidas sanitarias contra el coronavirus; pues luego de pasar por tantas restricciones, con los recursos tan limitados y en un período “inacabable”, cada uno de nosotros podremos valorar lo que tenemos y agradecemos la salud, después del confinamiento, y nos asombraremos como nunca, porque veremos todo como si fuera la primera vez, nos dice Catherine L’Ecuyer.

Hay una improvisación impresionante. ¿Cómo podemos pedir a una madre o a un padre que teletrabaje a la vez que está cuidando de sus hijos, a la vez que se encarga de la casa, a la vez que asiste en la escolarización de sus hijos gestionando deberes que llegan por vía digital (a veces con solo un ordenador en casa o sin impresora), a la vez que dejan de entrar sueldos a casa?” (Voz de Galicia, 04/04/2020)


REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF





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