En una entrevista concedida a El País, el periodista Pablo Linde recoge las reflexiones de la psiquiatra infantil Beatriz Martínez, experta en problemas de neurodesarrollo y autora del libro Manual de supervivencia para padres en la era digital, publicado por Espasa. La especialista advierte que en el futuro veremos el uso indiscriminado de pantallas en niños pequeños como hoy vemos prácticas claramente dañinas del pasado, como “mojar el chupete en anís”. Su postura adquiere relevancia tras el anuncio del presidente Pedro Sánchez sobre la posible prohibición de redes sociales para menores de 16 años.
Una legislación necesaria, pero insuficiente
Martínez considera que es necesaria una regulación del entorno digital, del mismo modo que existe en el mundo físico. Sin embargo, subraya que la ley por sí sola no resuelve el problema. La clave está en una educación digital progresiva desde la primera infancia, orientada a formar pensamiento crítico y autonomía responsable.
Aunque los 16 años tienen coherencia jurídica, insiste en que cada adolescente requiere acompañamiento personalizado, porque la madurez y la vulnerabilidad no son iguales en todos los casos.
Evidencia científica y salud mental
La psiquiatra señala que existe una correlación entre el acceso temprano y libre a smartphones y peores indicadores de salud mental. No se trata únicamente de ansiedad o depresión, sino también de autolesiones, ideación suicida e intentos autolíticos.
Utiliza una metáfora esclarecedora: la genética sería el plano de un puente; algunos soportan más carga que otros. Si se añade una presión excesiva —como una exposición digital sin límites—, ciertos menores, especialmente los más vulnerables, pueden verse seriamente afectados.
El algoritmo y la intensificación emocional
Martínez advierte que el problema no es solo el tiempo frente a la pantalla, sino el funcionamiento de los algoritmos. Las plataformas priorizan contenidos que generan mayor reacción emocional. Cuanto más intensa la emoción, mayor visibilidad obtiene el contenido, lo que puede amplificar estados de ira, tristeza o polarización, especialmente en la adolescencia.
Además, la exposición a contenidos inadecuados tiende a reforzarse automáticamente, ya que el algoritmo ofrece más de aquello que mantiene la atención.
Desarrollo infantil y oportunidades perdidas
La especialista es contundente respecto a los primeros años de vida: el cerebro infantil necesita interacción real, lenguaje y vínculo afectivo, no consumo individual de pantallas. Exponer a niños muy pequeños a dispositivos electrónicos en solitario implica una pérdida de oportunidades clave para el desarrollo emocional y cognitivo.
Menciona casos clínicos donde el retraso en el lenguaje asociado al exceso de pantallas mejoró al retirarlas, sin necesidad de tratamiento médico adicional. Su advertencia es clara: algunas prácticas hoy normalizadas podrían considerarse perjudiciales en el futuro.
¿Qué edades recomienda?
Martínez sostiene que no debería haber móvil propio antes de los 14 o 15 años, y aun así con límites definidos. Asimismo, afirma que antes de los diez años ningún niño debería tener una tablet individual. El problema no es el uso puntual y compartido, sino el consumo individual de aplicaciones diseñadas para generar enganche constante.
También propone explorar dispositivos adaptados para adolescentes con restricciones de fábrica, más difíciles de vulnerar que los controles parentales convencionales.
La conversación como eje educativo
Más allá de la tecnología, Martínez enfatiza que la comunicación entre padres e hijos es fundamental. Descalificar intereses digitales rompe el diálogo; en cambio, preguntar, escuchar y analizar juntos los contenidos fortalece el pensamiento crítico.
Propone incluso formalizar acuerdos mediante un contrato familiar que establezca horarios, usos y consecuencias. No se trata de castigos, sino de educar en responsabilidad y límites claros.
Una responsabilidad compartida
La psiquiatra reconoce que internet puede ofrecer espacios de comunidad y apoyo, especialmente para adolescentes que se sienten aislados. Sin embargo, recalca que el acompañamiento adulto es imprescindible.
El debate sobre la edad de acceso a redes sociales no es solo normativo. Es una cuestión de salud mental, desarrollo infantil y responsabilidad educativa y social.
Redacción | Web del Maestro CMF






