El aumento de las urgencias psiquiátricas infantiles está encendiendo las alarmas en distintos países, mientras especialistas advierten sobre un problema que puede pasar inadvertido en muchos hogares: la falta de sueño y su relación con las alteraciones emocionales y de conducta de los niños. El neurólogo y especialista en medicina del sueño Homero Matos ha llamado la atención sobre cómo el uso excesivo de pantallas, especialmente durante la noche, puede interferir con el descanso infantil. Su advertencia adquiere relevancia ante las investigaciones internacionales que documentan un incremento de la demanda de atención por problemas de salud mental entre niños y adolescentes.
El especialista presenta el caso de Pedro, un niño de ocho años que pasaba numerosas horas frente a dispositivos electrónicos, cambiando constantemente de contenido. Según su relato, comenzaron a aparecer dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos y problemas para levantarse por las mañanas. Posteriormente surgieron rabietas, irritabilidad, comportamientos agresivos y dificultades de concentración en el colegio. El menor habría recibido un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido como TDAH. El caso, cuya identidad y circunstancias clínicas no han sido verificadas independientemente, ilustra la importancia de evaluar los hábitos de sueño cuando aparecen problemas de conducta.
El aumento de las urgencias de salud mental infantil preocupa a los especialistas
Las cifras internacionales muestran una creciente presión sobre los servicios de salud mental destinados a menores. Investigaciones realizadas en Inglaterra documentaron un aumento aproximado del 65 % en los ingresos hospitalarios urgentes relacionados con problemas de salud mental entre niños y adolescentes durante una década. En Estados Unidos, estudios sobre las urgencias pediátricas también identificaron un incremento considerable de las consultas por motivos psiquiátricos entre 2011 y 2020. Estos resultados reflejan una preocupación sanitaria que trasciende las fronteras nacionales, aunque no permiten atribuir el aumento de las hospitalizaciones exclusivamente al uso de pantallas ni a los problemas de sueño.
La preocupación también alcanza a los trastornos de ansiedad, cuya evolución ha sido examinada mediante estudios epidemiológicos internacionales que incluyen información de numerosos países. Las estimaciones del estudio sobre la carga mundial de enfermedades de 2021 permiten analizar los cambios registrados durante varias décadas entre adolescentes y adultos jóvenes. Sin embargo, es fundamental distinguir entre incidencia, prevalencia, consultas de urgencia e ingresos hospitalarios, porque representan indicadores diferentes. El deterioro de la salud mental juvenil constituye un fenómeno complejo, relacionado con factores individuales, familiares, sociales y sanitarios. Las investigaciones sobre pantallas y descanso aportan información relevante, pero no explican por sí solas todas sus causas.
Cuando un niño duerme mal, el problema puede manifestarse como mala conducta
Una de las principales advertencias de Matos es que el cansancio infantil no siempre se manifiesta como somnolencia evidente. Mientras algunos adultos reaccionan al agotamiento disminuyendo su actividad, los niños pueden presentar inquietud, impulsividad, irritabilidad y dificultades para regular sus emociones. Un menor que duerme insuficientemente puede parecer desobediente, distraído o incapaz de controlar sus reacciones, cuando parte de su comportamiento está relacionado con un descanso inadecuado. Esta posibilidad resulta especialmente importante en el ámbito escolar, donde las dificultades de atención y convivencia suelen interpretarse inicialmente como problemas disciplinarios, sin que necesariamente se investiguen las rutinas nocturnas del estudiante.
El sueño cumple funciones esenciales en el desarrollo cerebral, particularmente en la consolidación de los aprendizajes, la regulación emocional y el funcionamiento de la memoria. Durante la infancia, dormir adecuadamente favorece los procesos cognitivos necesarios para atender, recordar información y afrontar las exigencias cotidianas. La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda que los niños de entre seis y doce años duerman entre nueve y doce horas cada veinticuatro horas, mientras que los adolescentes de trece a dieciocho años necesitan entre ocho y diez. Estas recomendaciones constituyen referencias generales, por lo que también deben considerarse la calidad del descanso y las necesidades individuales.
Las pantallas pueden retrasar el sueño y agravar el agotamiento infantil
El uso de teléfonos móviles, tabletas y otros dispositivos antes de acostarse puede dificultar el descanso mediante distintos mecanismos. La exposición a determinadas intensidades y longitudes de onda de luz durante la noche puede alterar la producción de melatonina, hormona que participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia. Además, los contenidos altamente estimulantes, las notificaciones y la prolongación del tiempo de entretenimiento pueden retrasar la hora de dormir. Las investigaciones han encontrado asociaciones entre el uso de pantallas y problemas como una menor duración del sueño, dificultades para conciliarlo y peor calidad del descanso, aunque los efectos varían según las circunstancias.
La relación entre sueño, atención y comportamiento merece especial atención cuando un niño presenta síntomas compatibles con TDAH. Las dificultades para dormir pueden intensificar la falta de concentración, la impulsividad y la irritabilidad, mientras que determinados trastornos del neurodesarrollo también pueden coexistir con problemas de sueño. Dormir mal no significa necesariamente tener TDAH, ni mejorar el descanso permite descartar un diagnóstico establecido. Un ensayo clínico publicado en la revista médica BMJ en 2015 encontró que una intervención conductual dirigida a mejorar el sueño de niños diagnosticados con TDAH produjo beneficios en determinados síntomas y aspectos de su funcionamiento cotidiano.
Cuatro medidas para recuperar hábitos saludables de sueño
Ante esta situación, Matos propone prestar atención a las rutinas familiares mediante un proceso progresivo de observación y modificación de hábitos. El primer paso consiste en registrar durante varios días la hora en que el niño se acuesta, cuándo consigue dormirse, sus despertares nocturnos y el momento en que comienza a utilizar pantallas por última vez. Posteriormente recomienda establecer horarios regulares, reducir la exposición a dispositivos durante la última hora del día y crear una secuencia tranquila antes de acostarse. El objetivo no consiste únicamente en permanecer más tiempo en la cama, sino en conseguir un descanso suficiente, continuo y reparador.
Estas medidas deben adaptarse a la edad del menor, sus necesidades y las condiciones de cada familia. Una rutina nocturna puede incluir actividades tranquilas, iluminación tenue, higiene personal y lectura compartida, procurando que el dormitorio favorezca el descanso. También resulta importante observar si existen ronquidos frecuentes, pausas respiratorias, somnolencia excesiva durante el día o despertares acompañados de alteraciones importantes. Cuando los problemas persisten, afectan significativamente la vida cotidiana o aparecen señales de alarma, es necesaria una evaluación pediátrica. Las intervenciones sobre hábitos pueden ayudar, pero no sustituyen los tratamientos especializados ni justifican modificar medicamentos sin supervisión profesional.
La advertencia del neurólogo plantea una reflexión que involucra tanto a las familias como a los centros educativos y profesionales sanitarios: antes de interpretar toda dificultad de conducta como un problema exclusivamente disciplinario o psicológico, conviene conocer cómo está durmiendo el niño. Esto no significa minimizar los trastornos mentales ni responsabilizar a las pantallas de todos los problemas infantiles. Significa reconocer que el descanso es un componente fundamental de la salud mental, el aprendizaje y la regulación emocional. En un contexto de creciente preocupación por el bienestar de las nuevas generaciones, proteger las horas de sueño constituye una medida preventiva importante que merece mayor atención.
Redacción: Web del Maestro CMF
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