Durante un reciente encuentro organizado por la plataforma «Educar es Todo» en España, la reconocida médica especialista en psiquiatría, Marian Rojas Estapé, analizó una profunda preocupación familiar: el impacto de las pantallas en el desarrollo infantil. Formada en la Universidad de Navarra y con trayectoria en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, la experta advirtió que los dispositivos alteran cómo los menores gestionan sus emociones. Subrayó que la tecnología actual secuestra la atención mediante mecanismos adictivos, diseñados para retener a los usuarios. Para contrarrestar este fenómeno, la especialista plantea que los progenitores deben asumir el liderazgo dentro del hogar mediante tres cambios fundamentales, enfocados directamente en la necesidad de educar con el ejemplo diario.
El problema central radica en el funcionamiento del cerebro frente a los estímulos digitales, específicamente en la liberación constante de dopamina. Rojas Estapé explica que las redes sociales proporcionan pequeños chispazos de placer instantáneo que actúan de manera similar a ciertas sustancias adictivas. Cuando un niño o adolescente atraviesa una crisis de identidad, estrés o simple aburrimiento, encuentra en el teléfono móvil una vía de escape rápida que alivia su malestar interior. Esta costumbre sistemática impide que los menores desarrollen una tolerancia adecuada a la frustración. Al recurrir a la pantalla como consuelo habitual, el cerebro inmaduro se acostumbra a evitar el esfuerzo emocional y comienza a buscar de forma compulsiva la gratificación inmediata.
A nivel neurológico, el uso excesivo de dispositivos móviles afecta directamente el desarrollo de la corteza prefrontal, la zona del cerebro encargada de la atención, la resolución de problemas y el control de los impulsos. Durante la infancia, esta área es profundamente inmadura y necesita estímulos estáticos para desarrollarse de forma saludable. Sin embargo, las pantallas ofrecen luz, sonido y movimiento constantes, lo que hiperestimula la atención del menor sin exigirle esfuerzo cognitivo. «Nos encontramos en la era del exceso de la información y de la falta de formación», advirtió la psiquiatra durante su exposición. Esta intensa sobreestimulación provoca que los menores pierdan gradualmente la capacidad de concentrarse en actividades pausadas del mundo físico.
Tres pasos para liderar desde el ejemplo
Frente a este complejo panorama tecnológico, la experta enfatiza que los adultos no pueden exigir a los menores un comportamiento que ellos mismos no practican cotidianamente. Resulta fundamental que los padres revisen su propia relación con los dispositivos para enviar un mensaje coherente. Si un niño observa que sus figuras de apego utilizan el móvil para evadir tensiones, replicará ese mismo patrón de conducta frente a sus propias dificultades emocionales. Por este motivo, Rojas Estapé propone implementar tres acciones concretas y prácticas que ayudan a recuperar el control de la atención adulta y, en consecuencia, logran establecer un modelo de comportamiento mucho más saludable, equilibrado y constructivo para toda la estructura familiar.
Paso 1: Desactivar alertas: recuperar el dominio sobre el dispositivo
La primera recomendación fundamental consiste en desactivar las notificaciones innecesarias del teléfono móvil para evitar interrupciones constantes. Cuando los padres dominan su dispositivo y eliminan las alertas sonoras, previenen que el entorno familiar esté sometido a un disruptor tecnológico permanente. Esta medida genera una transformación neurológica en el adulto, reduciendo drásticamente la necesidad compulsiva de revisar la pantalla a cada instante. Al implementar este cambio silencioso, los hijos perciben un ambiente doméstico mucho más tranquilo y aprenden empíricamente que la tecnología debe ser una herramienta controlada por el usuario, y no una fuerza externa autoritaria que dicte los ritmos de atención, convivencia y comunicación dentro de las rutinas cotidianas del propio hogar.
Paso 2: Renunciar a la pantalla más adictiva para educar desde la experiencia
El segundo paso propuesto por la especialista es reducir o eliminar temporalmente el uso de la red social que más tiempo consume, que habitualmente suele ser Instagram. Esta acción permite a los adultos experimentar en primera persona los vacíos emocionales que se producen al abandonar el consumo digital constante. Al transitar conscientemente por esta experiencia, los padres adquieren la autoridad moral necesaria para explicar a sus hijos cómo funcionan realmente los mecanismos de retención en estas plataformas. Compartir las vulnerabilidades propias y los esfuerzos por superar este fuerte apego tecnológico fortalece el vínculo afectivo, demostrando claramente a los menores que los adultos también enfrentan complejos desafíos frente a la actual hiperconexión digital.
Paso 3: Modo avión: erradicar la sensación de abandono en los hijos
La tercera medida indispensable, y quizás la más significativa a nivel emocional, es utilizar el modo avión para proteger los momentos de convivencia familiar. Cuando los padres comparten tiempo con sus hijos pero mantienen el teléfono encendido sobre la mesa, los menores pueden llegar a experimentar una dolorosa sensación de abandono emocional. La psiquiatra señala que ver un dispositivo interpuesto en la interacción transmite el sutil mensaje de que existe algo prioritario fuera de casa. Por el contrario, al bloquear intencionalmente las distracciones virtuales, los adultos envían una señal inconfundible de exclusividad, fortaleciendo de manera profunda la autoestima del niño mediante una atención plena y verdaderamente dedicada durante esos valiosos instantes compartidos.

La conexión real frente a la gratificación virtual
Más allá de establecer ciertas restricciones tecnológicas, la médica destaca la absoluta urgencia de proporcionar a los jóvenes experiencias de interacción auténticas fuera de las pantallas. Las actividades cotidianas que implican contacto directo, disfrute de la naturaleza, práctica deportiva y juego presencial generan oxitocina, conocida científicamente como la hormona del vínculo. Esta valiosa sustancia química contrarresta de manera activa los efectos nocivos del cortisol y refuerza notablemente el sistema inmunológico infantil. Mientras el vertiginoso mundo virtual ofrece recompensas inmediatas que terminan generando frustración a largo plazo, la vida real exige una paciencia constante, pilar esencial para consolidar un desarrollo psicológico verdaderamente equilibrado y preparar adecuadamente a los niños para su futuro.
Además del necesario ejemplo conductual, resulta indispensable fomentar el pensamiento crítico desde edades tempranas para que los menores aprendan a filtrar los datos masivos que reciben a diario. En una sociedad fuertemente caracterizada por el exceso de estímulos superficiales, la incapacidad para gestionar tanta abundancia informativa frena procesos cognitivos vitales como el asombro. «Una persona con voluntad que sabe posponer la recompensa llega mucho más lejos en la vida que una persona inteligente», afirmó la ponente durante el cierre. Enseñarles a retrasar la gratificación inmediata les permite comprender cabalmente que los grandes logros de la existencia humana, incluyendo las relaciones afectivas sólidas, siempre requieren un gran esfuerzo, dedicación exclusiva y mucha perseverancia.
En definitiva, la sólida propuesta terapéutica de Marian Rojas Estapé subraya que el bienestar emocional de las nuevas generaciones depende directamente del entorno íntimo que los adultos logren construir. Las pantallas interactivas seguirán formando parte integral del mundo moderno, pero su comprobado impacto negativo puede mitigarse significativamente si los padres asumen un rol consciente, limitan drásticamente sus distracciones y priorizan la conexión humana. Proteger meticulosamente la atención de los niños y brindarles un claro modelo de autocontrol no solo previene adicciones futuras de gran severidad, sino que les otorga aquellas herramientas emocionales imprescindibles para que, a pesar de las inmensas dificultades tecnológicas actuales, les pasen cosas verdaderamente buenas a lo largo de su vida.
Redacción: Web del Maestro CMF