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María Couso, pedagoga: “Muchos docentes siguen creyendo que se pierde el tiempo jugando, cuando es justo lo contrario”

El juego no es pérdida de tiempo, es clave para desarrollar atención, memoria, emociones y habilidades sociales, siendo una herramienta educativa esencial frente al exceso de pantallas en la infancia actual.

En un artículo del periodista Adrián Cordellat publicado en El País, se recoge la visión de la pedagoga María Couso, quien sostiene que muchos docentes siguen creyendo que jugar es perder el tiempo, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario. Couso, maestra y autora del libro Cerebro, infancia y juego, es una referente en neuroeducación que promueve el aprendizaje a través del juego como base del desarrollo cognitivo y emocional.

¿Quién es María Couso y por qué su enfoque es relevante?

María Couso es una pedagoga especializada en desarrollo infantil y procesos cognitivos, con experiencia en el trabajo con niños, especialmente en áreas como la atención y la autorregulación. Su enfoque parte de la neuroeducación, entendiendo cómo aprende el cerebro para mejorar la enseñanza.

El juego, según Couso, no es una actividad secundaria, sino una herramienta central para el aprendizaje y el desarrollo integral del niño.

El gran error educativo: separar juego y aprendizaje

Uno de los errores más extendidos en educación es considerar el juego como algo opuesto al aprendizaje formal. Esta visión lleva a que, a medida que los niños crecen, se les presione para abandonar el juego en favor de actividades más estructuradas.

Esta separación es artificial y perjudicial, ya que el juego es una de las formas más eficaces de aprendizaje.

Además, existe la creencia de que jugar es propio de la infancia temprana, lo que genera una reducción progresiva de estos espacios en la vida escolar y familiar.

Un cerebro en desarrollo por más tiempo del que se creía

Durante mucho tiempo se pensó que el desarrollo cerebral terminaba en la adolescencia. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que este proceso se extiende hasta los 25 años o más.

Esto implica que las experiencias que favorecen el desarrollo cerebral, como el juego, deben mantenerse durante más tiempo y no eliminarse prematuramente.

A pesar de ello, la infancia se acorta y se introducen cada vez más exigencias académicas desde edades tempranas.

Pantallas vs. juego real: una diferencia fundamental

En la actualidad, muchas actividades digitales se consideran equivalentes al juego, pero no lo son. Ver videos o interactuar con pantallas no genera los mismos beneficios que el juego activo.

El juego real implica interacción social, movimiento, exploración sensorial y toma de decisiones, activando múltiples funciones cerebrales al mismo tiempo.

En contraste, el uso excesivo de pantallas puede generar sobreestimulación y afectar el desarrollo de la atención, especialmente en edades tempranas.

Los juegos de mesa: una herramienta pedagógica poderosa

Los juegos de mesa representan una de las formas más completas de aprendizaje. No solo fomentan la socialización, sino que también desarrollan habilidades cognitivas esenciales.

A través de los juegos de mesa se fortalecen la atención, la memoria de trabajo, el lenguaje, la planificación y el control de impulsos.

Además, permiten integrar contenidos curriculares de manera dinámica, convirtiéndose en un recurso didáctico altamente efectivo.

El juego como entrenamiento emocional

El juego no solo desarrolla habilidades cognitivas, sino también emocionales. En él, los niños experimentan situaciones de éxito y fracaso que les permiten aprender a gestionar sus emociones.

Aprender a perder, tolerar la frustración y respetar turnos son competencias que se entrenan de forma natural a través del juego.

Evitar estas situaciones por miedo al conflicto impide el desarrollo de habilidades fundamentales para la vida.

La atención se construye, no es innata

Uno de los aportes más relevantes de Couso es afirmar que la atención no es una capacidad con la que se nace, sino una habilidad que se desarrolla.

El juego, especialmente los juegos de mesa, es una herramienta clave para entrenar la atención de forma progresiva y efectiva.

En un contexto dominado por estímulos digitales inmediatos, recuperar estas prácticas resulta urgente.

Recuperar el juego en la educación es una necesidad

El planteamiento de María Couso es claro: no se trata de elegir entre jugar o aprender, sino de entender que ambas cosas están profundamente conectadas.

El juego es una vía natural, efectiva y científicamente respaldada para el aprendizaje, el desarrollo cognitivo y la educación emocional.

Reintegrar el juego en la educación no es retroceder, sino avanzar hacia una enseñanza más coherente con el funcionamiento del cerebro y las verdaderas necesidades de los estudiantes.

Redacción | Web del Maestro CMF | El País

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