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José Manuel Cordero: El uso intensivo de la tecnología no contribuye a que los niños mejoren en lectura, matemáticas ni ciencia

El uso intensivo de tecnología en el aula no mejora lectura, matemáticas ni ciencia y puede tener efectos negativos.

En una entrevista publicada por el diario El País, el economista de la educación José Manuel Cordero, profesor de la Universidad de Extremadura, afirmó con claridad: “El uso intensivo de la tecnología no contribuye a que los niños mejoren en lectura, matemáticas ni ciencia”. Sus declaraciones se enmarcan en un proyecto de investigación financiado por la Fundación BBVA que analiza el impacto de los dispositivos digitales en el rendimiento escolar a partir de grandes evaluaciones internacionales como PIRLS y PISA.

Uso intensivo en el aula: influencia limitada o negativa

El estudio, centrado inicialmente en alumnado español de 10 años, concluye que el uso intensivo de tecnología en el aula —es decir, su empleo prácticamente todos los días o varias veces por semana— tiene una influencia limitada o incluso negativa en la comprensión lectora. Aunque la magnitud del efecto no es extremadamente alta, la tendencia es consistente: incrementar la frecuencia no equivale a mejorar el aprendizaje.

Particularmente relevante es que los efectos adversos aparecen incluso en estudiantes de alto rendimiento. Esto refuerza una hipótesis que diversos estudios internacionales ya habían señalado: la lectura en dispositivos no produce los mismos resultados cognitivos que la lectura en papel, especialmente en tareas que requieren comprensión profunda, concentración sostenida e inferencias complejas.

Diferencias según contexto socioeconómico

No obstante, la investigación introduce matices importantes. En estudiantes con mayor capital cultural, el uso de dispositivos para buscar información en actividades abiertas sí muestra cierto beneficio. La explicación probable es que estos alumnos ya poseen habilidades digitales desarrolladas en el hogar y saben extraer mayor provecho académico de la tecnología.

En cambio, en alumnado de entornos desfavorecidos se detectan efectos positivos cuando se utilizan aplicaciones específicas orientadas a mejorar la escritura o la comprensión lectora. Esto sugiere que el impacto no depende solo del dispositivo, sino del diseño pedagógico de la herramienta y del enfoque compensador que se adopte. La tecnología puede favorecer la equidad cuando está dirigida estratégicamente a quienes más lo necesitan.

Uso docente versus uso estudiantil

El estudio también analiza el uso que hace el profesorado. Se observa una relación ligeramente positiva cuando los docentes emplean tecnología para buscar información o preparar materiales e informes, aunque el efecto no es determinante. De nuevo, la clave no es el dispositivo en sí, sino su finalidad pedagógica.

En el ámbito doméstico, los datos muestran que los estudiantes que se perciben competentes para buscar información fiable y elaborar contenidos obtienen mejores resultados académicos. Sin embargo, cuando el uso se orienta a actividades recreativas intensivas —juegos, creación o difusión de vídeos— el efecto es negativo o nulo en términos de rendimiento académico. En secundaria, los datos derivados de PISA refuerzan esta tendencia.

Competencia digital versus rendimiento académico

Un aspecto especialmente interesante es la diferencia entre rendimiento académico tradicional y competencia digital. En evaluaciones como ICILS, centrada en habilidades digitales en secundaria, algunas regiones españolas obtienen resultados muy altos tras implementar programas específicos de desarrollo digital. Sin embargo, ello no se traduce automáticamente en mejoras en lectura, matemáticas o ciencia.

Esto plantea una distinción fundamental: desarrollar competencia digital no implica necesariamente mejorar el rendimiento en competencias académicas básicas.

Inversión tecnológica y debate educativo

España ha realizado en las últimas décadas una fuerte inversión en recursos tecnológicos escolares, intensificada tras la pandemia. Según Cordero, la modernización era necesaria para garantizar acceso y equidad, especialmente en situaciones de educación a distancia. Sin embargo, los resultados invitan a replantear el enfoque: el problema no es la presencia de tecnología, sino su uso pedagógico.

La evidencia disponible apunta a una conclusión clara: la intensificación indiscriminada del uso tecnológico no mejora automáticamente el aprendizaje. La eficacia depende de la intencionalidad didáctica, del contexto socioeconómico del alumnado y del tipo de actividad desarrollada.

En términos educativos, el mensaje es preciso y prudente: la tecnología no es una solución mágica. Su impacto en lectura, matemáticas y ciencia está condicionado por cómo, cuándo y para qué se utiliza.

Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: El País

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