Periodista chileno lo dice claro: «Es inaceptable lo que estamos viendo de parte del resto de la región. Ninguno hizo absolutamente nada…»

Periodista chileno lo dice bien claro: la política latinoamericana reaccionó tarde, con declaraciones vacías y gestos simbólicos, mientras una capital era bombardeada. No hubo acción, solo silencios cómplices y llamados al diálogo cuando el daño ya estaba hecho.

Las palabras del periodista chileno, José Antonio Neme, no son una reacción impulsiva ni un exabrupto mediático. Son el reflejo de una incomodidad profunda que atraviesa hoy a buena parte de la opinión pública latinoamericana. Frente a un hecho de extrema gravedad, una capital latinoamericana bombardeada por aviones militares extranjeros, la respuesta de la región ha sido, en el mejor de los casos, tardía; en el peor, meramente simbólica.

Neme apunta a un problema estructural de la política regional: la tendencia a refugiarse en gestos vacíos cuando las decisiones difíciles ya no pueden evitarse. Comunicados en redes sociales, llamados al diálogo posteriores a los bombardeos y declaraciones cuidadosamente ambiguas revelan una diplomacia más preocupada de no incomodar a los poderosos que de defender principios básicos como la soberanía y el derecho internacional. El “diálogo” invocado después de la destrucción no es una solución; es una coartada moral.

La crítica es dura, pero no gratuita. Cuando los líderes regionales reaccionan solo después de que los hechos están consumados, el mensaje que transmiten es de resignación y temor. La política, convertida en un “juego de máscaras”, pierde su función esencial: anticipar, advertir y actuar con firmeza cuando la situación lo exige. No se trata de promover la confrontación, sino de entender que el silencio previo también es una forma de complicidad.

Lo que subyace en esta reflexión es una pregunta incómoda: ¿para qué existen los mecanismos de integración regional si, ante una agresión de esta magnitud, nadie es capaz de actuar con claridad y decisión? La indignación de Neme interpela no solo a los gobiernos, sino también a las sociedades que toleran una diplomacia reducida a tuits y declaraciones tardías. Cuando el diálogo llega después de las bombas, deja de ser diplomacia y se convierte en retórica vacía.

Redacción | Web del Maestro CMF


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