El uso de pantallas se ha convertido en una práctica cotidiana en la infancia y la adolescencia, tanto en contextos recreativos como educativos. Sin embargo, el aumento sostenido del tiempo frente a dispositivos digitales ha despertado una creciente preocupación en la comunidad científica por sus posibles efectos en el aprendizaje y el desarrollo cognitivo. En este contexto, el estudio “Aumento de horas de pantalla se asocia con un bajo rendimiento escolar”, realizado en la provincia del Biobío, Chile, aporta evidencia empírica local y actualizada sobre esta problemática en escolares de educación básica.
La investigación fue desarrollada por Rafael Zapata-Lamana, Jessica Ibarra-Mora, Mario Henríquez-Beltrán, Sonia Sepúlveda-Martin, Laura Martínez-González e Igor Cigarroa, académicos pertenecientes a la Universidad de Concepción, la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, la Universidad Santo Tomás y la Universidad Católica de la Santísima Concepción. El estudio utilizó datos de la Encuesta de Salud y Rendimiento Escolar de la Provincia del Biobío 2018 y contó con la aprobación ética correspondiente, respetando los principios de la Declaración de Helsinki.
El objetivo principal fue analizar la relación entre el tiempo de pantalla y el rendimiento académico en escolares de segundo ciclo de educación básica, así como determinar posibles diferencias según sexo. Para ello se utilizó un diseño analítico, transversal, con una muestra final de 733 estudiantes de 5.º a 8.º año básico, con una edad promedio de 12 años, pertenecientes exclusivamente a establecimientos educacionales públicos, lo que permitió homogeneidad curricular y evaluativa.
El rendimiento académico se evaluó a través de las calificaciones en Lenguaje, Matemáticas, Educación Física y el promedio general, junto con conductas asociadas a la cognición en el contexto escolar, tales como memoria, atención, rapidez para resolver problemas matemáticos, capacidad para resolver tareas complejas y nivel de nerviosismo ante evaluaciones. El tiempo de pantalla fue medido mediante autorreporte de horas diarias dedicadas a ver televisión, jugar videojuegos y utilizar internet para redes sociales, chats, navegación o tareas escolares, siguiendo instrumentos utilizados previamente en estudios nacionales e internacionales.
Los resultados muestran un dato especialmente relevante: los escolares pasaban en promedio 6,1 horas diarias frente a pantallas, cifra que supera ampliamente las recomendaciones internacionales que sugieren no exceder las dos horas diarias en edad escolar. Se observaron diferencias según sexo, donde los niños dedicaban más tiempo a los videojuegos y las niñas más tiempo a la navegación por internet y uso de redes sociales. No obstante, en ambos grupos el exceso de horas de pantalla se asoció de manera consistente con un menor rendimiento académico.
Tanto niños como niñas que pasaban más tiempo frente a pantallas presentaron notas significativamente más bajas en Matemáticas, Lenguaje, Educación Física y en el promedio general. Esta disminución del rendimiento fue progresiva a medida que aumentaban las horas de exposición, siendo particularmente marcada en quienes superaban las 4 a 6 horas diarias, y más evidente aún en aquellos que excedían las 6 horas al día. La diferencia de rendimiento entre quienes usaban pantallas menos de dos horas y quienes superaban ampliamente ese umbral resultó estadísticamente significativa.
Además de las calificaciones, el estudio evidenció una asociación negativa entre el tiempo de pantalla y las conductas cognitivas relacionadas con el aprendizaje. Los escolares con mayor exposición se percibían con menor memoria en clases, mayor lentitud para resolver problemas matemáticos, más dificultades para mantener la atención y mayores problemas para enfrentar tareas complejas. Estas asociaciones se mantuvieron tanto en el análisis global como al separar los datos por sexo, lo que refuerza la consistencia de los hallazgos.
En relación con las diferencias por sexo, el estudio mostró que, aunque los niños reportaban una mejor autopercepción de algunas habilidades cognitivas, las niñas obtenían mejores resultados académicos en Lenguaje y en el promedio general. Sin embargo, en ambos grupos se confirmó que el aumento del tiempo de pantalla se vincula con un deterioro del rendimiento escolar, lo que indica que el impacto negativo del exceso de pantallas es transversal.
En la discusión, los autores señalan que el tiempo de pantalla se ha consolidado como una forma predominante de ocio, favoreciendo conductas sedentarias y desplazando actividades esenciales para el desarrollo infantil, como el descanso adecuado, la actividad física y la interacción social directa. La evidencia internacional citada refuerza que la sobreexposición a pantallas afecta el sueño, la atención y procesos cognitivos de orden superior, elementos clave para el aprendizaje escolar.
Si bien el estudio reconoce que el rendimiento académico es multifactorial y que no puede atribuirse exclusivamente al uso de pantallas, los resultados aportan una señal de alerta clara. La alta exposición observada en escolares chilenos supera incluso los promedios reportados en investigaciones previas nacionales e internacionales, lo que refuerza la necesidad de abordar este fenómeno desde una perspectiva preventiva.
Como conclusión, el estudio demuestra que el uso excesivo de pantallas se asocia negativamente con el rendimiento académico y con conductas cognitivas relevantes para el aprendizaje en escolares de educación básica, tanto en niños como en niñas. Esta evidencia local y actualizada resulta especialmente valiosa para familias, docentes y comunidades educativas, ya que permite fundamentar decisiones pedagógicas y orientaciones preventivas basadas en datos científicos y contextualizados a la realidad chilena.
Redacción | Web del Maestro CMF | Fuente: Scielo






