El médico y conferenciante español Mario Alonso Puig ha planteado una crítica a la manera en que la sociedad trata a dos colectivos profesionales fundamentales: los trabajadores de la salud y los docentes. En una entrevista publicada en abril de en el portal 20 minutos, cuestionó la contradicción entre la importancia que se atribuye a estas profesiones y la escasa atención que, a su juicio, reciben quienes las ejercen. Su reflexión pone el foco en el desgaste emocional, la falta de reconocimiento y la necesidad de cuidar a quienes dedican su trabajo a cuidar, enseñar y acompañar a otras personas, especialmente en ámbitos donde la responsabilidad humana es permanente.
La preocupación de Alonso Puig parte de su experiencia como médico y de su contacto con profesionales sometidos a importantes exigencias laborales. Durante su trayectoria, observó cómo personas profundamente comprometidas con su trabajo podían experimentar dificultades relacionadas con el estrés y la presión profesional. En el ámbito educativo, señaló que había atendido a numerosos profesores que presentaban problemas físicos asociados al estrés. Esta experiencia lo llevó a cuestionar una realidad que considera especialmente preocupante: se espera que los docentes mantengan su compromiso y capacidad de entrega incluso cuando sus propias necesidades emocionales quedan relegadas. Su planteamiento no cuestiona la vocación, sino las condiciones en las que esta debe desarrollarse.
Dos profesiones esenciales que necesitan mayor cuidado
Una de las declaraciones más significativas de Alonso Puig resume el problema que identifica en ambos sectores: «Siempre ha habido para mí dos profesiones, que no digo que sean las únicas en las que sucede, donde he visto que al profesional no se le cuida, que es la salud y la enseñanza». Con estas palabras, el especialista establece una relación entre dos actividades que comparten una elevada responsabilidad hacia otras personas. Médicos, profesionales sanitarios y docentes trabajan directamente con necesidades humanas, pero esa responsabilidad no siempre se corresponde con una atención suficiente a su propio bienestar. Para Alonso Puig, esta contradicción merece una revisión profunda.
En el caso de los profesores, el problema adquiere una dimensión especialmente relevante porque su trabajo no se limita a transmitir conocimientos. La enseñanza implica mantener relaciones constantes con estudiantes, responder a distintas necesidades de aprendizaje, afrontar situaciones de convivencia y colaborar con las familias. Estas responsabilidades requieren preparación, paciencia y recursos emocionales. Cuando se acumulan exigencias sin disponer de apoyos adecuados, pueden aparecer dificultades que afectan al bienestar profesional. La dedicación docente no debería confundirse con una obligación de soportar cualquier nivel de presión, ni la vocación debería utilizarse como argumento para minimizar las necesidades de quienes trabajan diariamente en las aulas.
Siempre ha habido para mí dos profesiones, que no digo que sean las únicas en las que sucede, donde he visto que al profesional no se le cuida, que es la salud y la enseñanza. Se les pide que se dejen la vida salvando otras o enseñando, pero a ellos no se les cuida, como si fuesen superhéroes que viniesen del planeta Krypton. Es un gravísimo error. Como en todas partes hay gente que se ha equivocado de profesión y gente que está enfrentada con el mundo, pero la mayor parte de os profesionales de la salud, lo mismo que los docentes, son gente que realmente quiere hacer bien su trabajo.
Mario Alonso Puig
La reflexión también cuestiona la distancia entre el reconocimiento público de la educación y las decisiones que afectan a sus profesionales. Es frecuente destacar la importancia de los profesores para el futuro de la sociedad, pero ese reconocimiento pierde fuerza cuando no se traduce en condiciones que favorezcan su desarrollo profesional y personal. Alonso Puig considera que la educación merece una atención mucho mayor de la que recibe en la práctica. Desde esta perspectiva, valorar al profesorado exige algo más que discursos de agradecimiento: implica reconocer sus dificultades, escuchar sus necesidades y comprender que la calidad de la enseñanza depende también de las condiciones en que trabajan sus responsables.
El estrés docente y sus consecuencias sobre la salud
Alonso Puig distingue entre la tensión que puede ayudar a una persona a responder ante un desafío y aquella que termina perjudicando su salud. No considera que toda forma de estrés sea necesariamente negativa, pues determinadas situaciones exigentes pueden favorecer la concentración y el rendimiento. El problema aparece cuando la presión se vuelve crónica y desaparecen las oportunidades de recuperación. En esas circunstancias, la tensión deja de cumplir una función útil y puede contribuir a problemas físicos y psicológicos. Esta distinción resulta importante para comprender por qué el agotamiento de un profesor no debería interpretarse automáticamente como falta de preparación, compromiso o capacidad profesional.
La experiencia clínica del especialista aporta una dimensión concreta a su advertencia. Alonso Puig recordó que, durante sus años de ejercicio médico, atendió a numerosos profesores con molestias estomacales relacionadas con los niveles de estrés que experimentaban. Su testimonio no constituye una estadística sobre la prevalencia de enfermedades entre docentes, pero ilustra las consecuencias que puede tener una presión laboral sostenida. El malestar emocional no siempre permanece limitado al ámbito psicológico, sino que puede manifestarse mediante síntomas físicos y afectar distintas dimensiones de la vida cotidiana. Por ello, atender el bienestar del profesorado también significa reconocer la relación entre las condiciones de trabajo y la salud.
Frente a esta situación, Alonso Puig propone escuchar directamente a los profesionales antes de decidir qué medidas necesitan. Considera insuficiente que las instituciones supongan conocer sus dificultades sin preguntarles por sus experiencias, preocupaciones y necesidades reales. Su planteamiento apunta hacia una cultura de mayor atención humana dentro de los centros educativos. Cuidar a un docente implica reconocerlo como una persona con necesidades propias, no únicamente como alguien encargado de cumplir objetivos académicos. Desde esta perspectiva, las políticas de bienestar deberían construirse mediante el diálogo, la identificación de los factores que generan malestar y la búsqueda de respuestas adecuadas a cada contexto profesional.
Cuidar al profesor también es cuidar la educación
Otro aspecto central de su reflexión es la necesidad de incorporar el bienestar emocional a la formación del profesorado. Alonso Puig sostiene que las competencias relacionadas con la empatía, el autoconocimiento y la gestión de las emociones no pueden transmitirse únicamente mediante explicaciones teóricas. Los docentes también necesitan oportunidades para desarrollar y experimentar esas capacidades. Resulta difícil promover una educación emocional auténtica si quienes deben enseñarla carecen de apoyo para fortalecer su propio equilibrio personal. Esta idea conecta el cuidado profesional con la experiencia educativa de los estudiantes, sin reducir la responsabilidad del bienestar docente a esfuerzos individuales de adaptación.
La entrevista también establece una diferencia entre transmitir conocimientos y ejercer una influencia educativa profunda. Para Alonso Puig, un profesor puede ayudar a comprender una materia compleja, mientras que un maestro puede contribuir, además, al crecimiento personal de sus estudiantes. Esta visión reconoce el valor de las relaciones humanas en el aprendizaje y la importancia de que los alumnos se sientan capaces, respetados y acompañados. Sin embargo, esa responsabilidad formativa requiere docentes que también reciban acompañamiento y reconocimiento. La educación no depende exclusivamente de los contenidos curriculares, sino también de las condiciones humanas que permiten establecer relaciones pedagógicas positivas y sostenibles.
Al finalizar su reflexión, Alonso Puig expresó su agradecimiento al profesorado por el trabajo desarrollado durante la pandemia y destacó su capacidad de respuesta ante circunstancias extraordinariamente difíciles. También insistió en la importancia de mantener la unidad profesional y reconocer el lugar fundamental de la enseñanza en la sociedad. Su mensaje conserva una cuestión de fondo que trasciende aquella emergencia: no es coherente exigir a los docentes que cuiden, orienten y formen a las nuevas generaciones mientras se desatienden sus propias necesidades. Reconocer la importancia de la educación exige convertir ese reconocimiento en condiciones concretas de apoyo, bienestar y respeto hacia quienes la hacen posible.
Redacción: Web del Maestro CMF