Marian Rojas Estapé: Hoy en día nos encontramos con niños de 10 años con unas cortezas prefrontales muy inmaduras

Por qué los maestros y padres deben prestar atención al desarrollo cerebral infantil en la era digital

La psiquiatra española Marian Rojas Estapé, especialista en psiquiatría por la Universidad de Navarra y autora de varios libros sobre salud mental, ofreció una conferencia sobre el impacto de las pantallas, la adicción a las redes sociales y el funcionamiento cerebral en niños y adolescentes. Con una narración clara, realista y profundamente humana, pone en evidencia los efectos neurológicos, emocionales y sociales que la tecnología está dejando en las nuevas generaciones.

En este artículo transcribimos, en forma íntegra y ordenada, su intervención. Ideal para docentes, padres y profesionales de la salud mental.

Una historia real: detrás de una sonrisa digital, un vacío emocional

Marian comienza relatando una experiencia en su consulta. Una joven influencer, con casi un millón de seguidores en Instagram, entra a terapia. A simple vista, parece tenerlo todo: belleza, estilo, fama. Pero, tras contar su vida, confiesa que está amargada, vacía, con tristeza existencial. Su novio le es infiel, su padre es alcohólico, y escapa del dolor a través de la marihuana, el alcohol y la imagen pública.

Tras una sesión intensa, se maquilla y pide tomarse una foto para su perfil. Publica una imagen junto a una frase motivacional. De inmediato recibe una avalancha de mensajes: “Gracias por existir”, “Eres mi inspiración”. Marian apunta: “Esto es su droga”.

Redes sociales: diseñadas para ser adictivas

Las redes sociales no son inocentes. Fueron creadas, según el propio cofundador de Facebook, Sean Parker, para generar adicción y explotar la vulnerabilidad humana.

El Instituto de Salud Mental de Estados Unidos, a través de su director Thomas Insel, lo ha confirmado: nada activa más al cerebro humano que sentirse querido o valorado. Por eso, cada “me gusta” en una red social genera pequeños chispazos de dopamina, la hormona del placer.

La dopamina: la llave del placer y de la dependencia

Rojas Estapé explica cómo el sistema dopaminérgico regula el placer en nuestro cerebro. Desde una buena comida hasta una adicción, todo genera dopamina. Y cada vez que se activa, se crea un refuerzo. Este mismo proceso se replica en los adolescentes cuando buscan alivio emocional en redes sociales, videojuegos o sustancias.

Lo grave es que estas vías de escape se fijan en la memoria emocional. Y el cerebro, cuando atraviesa una crisis en la adultez, tiende a buscar las mismas salidas aprendidas en la infancia o adolescencia.

Infancia y adolescencia: el momento en que se graban las vías de escape

Entre los 8 y los 11 años los niños atraviesan crisis de identidad. Experimentan cambios hormonales, sociales, emocionales. Y si en ese momento su refugio es una pantalla, una red social o una adicción, su cerebro lo graba como estrategia de supervivencia emocional.

Así se desarrolla una baja tolerancia a la frustración, algo cada vez más frecuente en jóvenes que no logran sostener el esfuerzo, la espera ni la constancia.

La atención: puerta de entrada al mundo y clave para el aprendizaje

Aquí puedes colocar el video completo, ya que a partir de este punto se desarrolla el corazón neurológico del mensaje de Marian Rojas Estapé. La parte más importante del contenido empieza con:

“Entramos en un concepto fundamental: la atención, la ventana al mundo exterior…”

A partir de aquí, se analiza con precisión cómo se forma la corteza prefrontal, la región del cerebro encargada de la atención, la resolución de problemas y el control de impulsos.

Si deseas escuchar esta poderosa reflexión directamente de la voz de Marian Rojas Estapé, te invitamos a ver el video completo a continuación. En él, explica con claridad y emoción cómo las pantallas están afectando el desarrollo cerebral de nuestros hijos, qué ocurre con la atención y por qué es urgente actuar desde el hogar y la escuela.

La corteza prefrontal y la maduración cerebral

Cuando un bebé nace, su corteza prefrontal es inmadura. Se desarrolla con el tiempo, comenzando por estímulos como la luz, el sonido y el movimiento. Un niño pequeño debe aprender a fijar la atención en elementos estáticos: el rostro de un adulto, un plato de comida, una actividad escolar.

Pero si desde los 2 o 3 años se les expone a una tablet —que combina luz, sonido y movimiento— el cerebro se vuelve dependiente de estos estímulos intensos. Así, los niños no logran sostener la atención ante situaciones más simples, como escuchar a un docente o leer un libro.

Por eso, dice Marian:

“Hoy en día nos encontramos con niños de 10 años con unas cortezas prefrontales muy inmaduras.”

La razón: fueron entrenados desde pequeños con estímulos que no les permiten fortalecer su foco atencional interno.

La economía de la atención: el negocio del siglo XXI

Hoy, el verdadero poder está en controlar nuestra atención. Las grandes empresas tecnológicas lo saben. Su negocio es que tú, y tus hijos, pasen el mayor tiempo posible frente a una pantalla.

Y es ahí donde los adultos responsables —padres, madres, maestros— deben intervenir, no solo con límites, sino con formación.

De la información al criterio: enseñar a filtrar en un mar de superficialidad

Vivimos una paradoja: nunca tuvimos tanto acceso a la información, pero nunca fuimos tan vulnerables al engaño. Por eso Marian insiste:

“Hay que enseñarles a nuestros hijos a tener criterio.”

Y esto requiere educar el pensamiento crítico, la capacidad de filtrar lo superficial, el sentido del asombro y el gusto por la lectura profunda. El cerebro se vuelve superficial si solo lo entrenamos en contenidos breves, virales o inmediatos.

Educación emocional: tolerancia a la frustración y gratificación postergada

Una de las claves para el bienestar futuro de un niño no es su inteligencia, sino su capacidad de posponer la recompensa. En un mundo que lo entrega todo de inmediato, un niño que aprende a esperar, a esforzarse y a no rendirse, está construyendo una base sólida para su futuro.

Y ahí está la función del maestro: ser un entrenador emocional, no solo un transmisor de contenidos.

Recuperar el asombro y el aprendizaje real

Albert Einstein decía: “Lo importante es no dejar de hacerse preguntas.” Esa es la esencia del asombro, y también la base de la motivación para aprender.

Cada vez que un niño se maravilla, que pregunta “¿por qué?”, que se entusiasma con una historia, está activando lo mejor de su cerebro. Las pantallas no pueden sustituir esa chispa humana.

El poder de la oxitocina: vínculo, amor y conexión real

Cuando pasamos tiempo real con nuestros hijos o alumnos —jugando, conversando, escuchando— generamos oxitocina, la hormona del apego. Esta hormona reduce el estrés, fortalece el sistema inmune y, sobre todo, hace que el niño se sienta valioso.

Una clase cálida, una mirada de validación, una conversación sin distracciones… son más terapéuticas que cualquier dispositivo.

Tres ideas clave para docentes y familias

  1. Quitar las notificaciones del celular.
    No se trata de eliminar el teléfono, sino de dominarlo. El maestro y el padre que regula su uso está dando el ejemplo más poderoso.
  2. Compartir nuestras propias vulnerabilidades.
    Cuando un adulto cuenta que también luchó con adicciones o distracciones, los niños se sienten comprendidos y acompañados.
  3. Usar el modo avión.
    Estar presente, de verdad. Porque un niño que siente que es prioridad, que recibe atención plena, crece emocionalmente más fuerte.

Educar es resistir el ruido y proteger lo esencial

Marian Rojas Estapé lo resume así:

“Las cosas buenas pasan en la vida real.”

La educación no puede competir con el brillo de una pantalla, pero puede ofrecer lo que ninguna red social entrega: sentido, vínculo, paciencia, presencia. Si queremos formar niños fuertes, atentos, felices… debemos enseñarles a mirar menos la pantalla y más a los ojos.

Redacción | Web del Maestro CMF


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