Una carta escrita por Lisa Roberson, una maestra jubilada del estado de Georgia, en Estados Unidos, volvió a generar un amplio debate sobre la responsabilidad compartida entre la familia y la escuela en la formación de niños y adolescentes. Aunque el texto fue publicado originalmente hace varios años, su reciente difusión en redes sociales hizo que miles de personas retomaran la discusión acerca del papel que desempeñan los padres en el proceso educativo y de los desafíos que enfrentan los docentes dentro del aula.
Una reflexión que cuestiona el rol de las familias
En su carta, la exdocente sostiene que los maestros no son los únicos responsables de las dificultades que enfrenta el sistema educativo, sino que una parte importante del problema radica en la falta de compromiso de algunos padres con la formación de sus hijos.
La autora plantea que muchos estudiantes llegan a la escuela sin haber desarrollado hábitos básicos de convivencia y responsabilidad, lo que dificulta el trabajo pedagógico de los docentes.
Entre los aspectos que menciona destacan:
- La enseñanza de valores y modales desde el hogar.
- El acompañamiento de los padres en las tareas escolares.
- La comunicación constante entre las familias y los docentes.
- La responsabilidad de proporcionar a los estudiantes los materiales necesarios para aprender.
En uno de los fragmentos más comentados afirma: «Los docentes no son el problema. Los padres son el problema.»
«Soy una maestra retirada y me molestan las personas que no saben nada acerca de la educación pública en las escuelas o que no han estado dentro de una clase decidiendo cómo arreglar el sistema educativo. Los docentes no son el problema. Los padres son el problema. Ellos no les enseñan a sus hijos modales, ni el respeto que deben tener sus hijos en la clase. El niño viene a la escuela con zapatos que cuestan más que toda la ropa que se pone el docente, pero no trae ni papel ni lapicera, y esos elementos se los debe pagar el docente de su propio bolsillo.
Miran a las ecuelas y dicen «el sitema educativo falla», pero deben mirar también la responsabilidad de los padres y estudiantes. ¿Los padres vienen a la noche de padres? ¿Ellos hablan con los docentes de manera regular? ¿Ellos se aseguran de darle a sus propios hijos las herramientas de estudio? ¿Ellos ayudan a sus hijos a hacer la tarea? La verdad es que los padres no se preocupan por nada de eso.
¿Los estudiantes toman notas en las clases? ¿Ellos hacen su propia tarea? ¿Los estudiantes escuchan en clase o ellos son la fuente de interrupciones de las clases?
Por esto creo que los docentes no pueden hacer el trabajo que deben hacer los padres. ¡Hasta que los padres den un paso al frente y hagan su trabajo, nada podemos hacer para mejorar!», finaliza la carta de la maestra Lisa Roberson.

El llamado a una responsabilidad compartida
A lo largo de su reflexión, la maestra plantea que la escuela no puede sustituir el papel de la familia en la formación de los niños, ya que considera que los valores, el respeto, la disciplina y la responsabilidad comienzan en el hogar.
Asimismo, cuestiona si los padres participan activamente en la educación de sus hijos, mantienen comunicación con los profesores y supervisan aspectos fundamentales como el cumplimiento de las tareas, la preparación para las clases y la disponibilidad de útiles escolares.
Según su postura, cuando estas responsabilidades familiares no se cumplen, el trabajo de los docentes se vuelve mucho más complejo, pues terminan asumiendo funciones que exceden su labor educativa.
Una carta que dividió opiniones
Las afirmaciones de Lisa Roberson provocaron reacciones encontradas entre docentes, padres de familia y usuarios de redes sociales. Mientras numerosos profesores manifestaron sentirse identificados con las dificultades descritas en la carta, otros consideraron que generalizar la responsabilidad hacia todas las familias resulta injusto y no refleja la diversidad de realidades que viven millones de hogares.
También hubo quienes señalaron que la calidad educativa depende de múltiples factores, entre ellos las políticas públicas, los recursos disponibles, las condiciones sociales, el compromiso de las instituciones educativas y la participación de las familias.
En otro de los pasajes más difundidos, la docente sostiene: «Los docentes no pueden hacer su trabajo y el trabajo de los padres.»
La educación como una tarea compartida
Más allá de la controversia, la carta volvió a poner sobre la mesa un tema permanente en el ámbito educativo: la corresponsabilidad entre escuela y familia. Diversos especialistas coinciden en que el aprendizaje de los estudiantes mejora cuando existe una colaboración constante entre docentes, padres y alumnos.
En ese sentido, la formación académica y el desarrollo de valores no dependen exclusivamente de una sola parte, sino del compromiso conjunto de todos los actores involucrados en la educación.
Aunque las opiniones sobre la carta continúan divididas, el mensaje ha servido para abrir nuevamente una conversación sobre los desafíos actuales de la enseñanza y la importancia de fortalecer la relación entre la familia y la escuela como base para una educación de mayor calidad.
Respuesta al comentario:
La educación funciona mejor cuando familia y escuela trabajan juntas. Los docentes tienen una enorme responsabilidad, pero la formación en valores, hábitos y respeto comienza en el hogar. Colaborar siempre dará mejores resultados que buscar culpables.
Redacción | Web del Maestro CMF