En Argentina, una advertencia comenzó a llamar la atención de especialistas en salud y educación física debido a una problemática que, según algunos expertos, ya presenta características de una situación global: el aumento de niños y adolescentes con dificultades motrices, menor actividad física y estilos de vida cada vez más sedentarios. La preocupación se centra especialmente en las generaciones nacidas aproximadamente a partir de 2010, que crecieron en un contexto profundamente distinto al de las generaciones anteriores, marcado por el avance tecnológico, el uso intensivo de pantallas y una reducción progresiva del juego libre.
El especialista en fisiología del ejercicio Mariano Ferro señaló que el problema ya no se limita únicamente a observar niños menos activos o con menor interés por el deporte, sino que involucra cambios más profundos en la manera en que las nuevas generaciones se relacionan con el movimiento y con su propio cuerpo.
Una infancia que cambió sus hábitos
Durante décadas, gran parte de la infancia estuvo asociada con correr en las calles, jugar en parques, trepar árboles, montar bicicleta o inventar actividades espontáneas junto a otros niños. Aquellas experiencias, además de representar momentos recreativos, cumplían una función esencial en el desarrollo humano.
Hoy, según advierten especialistas, el tiempo dedicado al movimiento espontáneo parece haber disminuido considerablemente. El entretenimiento digital, las largas horas frente a pantallas y un estilo de vida más sedentario comenzaron a ocupar espacios que antes eran destinados al juego activo.
«Han dejado de ser infancias salvajes», expresó Ferro al describir cómo las dinámicas de crecimiento infantil han cambiado durante los últimos años.
La frase no hace referencia a una conducta negativa, sino a la pérdida de experiencias naturales de exploración, movimiento y autonomía que históricamente acompañaron el desarrollo infantil.
Más allá de correr o saltar: qué significa la alfabetización motriz
La preocupación de los especialistas no está centrada únicamente en si un niño puede correr rápido o realizar determinada actividad física. La alfabetización motriz representa algo mucho más amplio: la capacidad de relacionarse adecuadamente con el cuerpo, el espacio y el entorno.
El desarrollo de habilidades como mantener el equilibrio, coordinar movimientos, reaccionar ante estímulos o adaptarse a diferentes situaciones forma parte de un proceso esencial para el crecimiento integral.
Según la visión planteada por Ferro, las dificultades motrices pueden extender sus efectos hacia áreas emocionales, sociales e incluso cognitivas.
«La alfabetización motriz construye la relación con el cuerpo, con los demás y con el entorno», explicó.
Esta perspectiva plantea que el movimiento no constituye simplemente una actividad física aislada, sino un componente importante dentro del desarrollo general de niñas y niños.
Las pantallas, el encierro y la sobreprotección
Uno de los factores señalados con mayor frecuencia es el aumento del tiempo frente a dispositivos electrónicos. Tablets, teléfonos inteligentes, videojuegos y plataformas digitales forman parte cotidiana de la vida infantil actual.
Sin embargo, especialistas aclaran que el problema no radica exclusivamente en la existencia de las pantallas, sino en el desplazamiento de otras actividades fundamentales.
A esto se suma un fenómeno adicional: la reducción de espacios de juego autónomo. En muchos casos, las actividades infantiles comenzaron a desarrollarse bajo supervisión constante y dentro de horarios completamente estructurados.
«Son niños que sólo hacen actividad física cuando un adulto les dice qué hacer».
La advertencia apunta a una realidad que varios especialistas observan con preocupación: la disminución de experiencias espontáneas donde el niño decide cómo jugar, cómo explorar y cómo moverse por sí mismo.
Una preocupación que trasciende la educación física
La discusión no se limita al ámbito escolar o deportivo. La salud pública podría enfrentar consecuencias importantes si estas tendencias continúan aumentando durante los próximos años.
Diversos especialistas sostienen que los hábitos desarrollados durante la infancia suelen acompañar a las personas durante gran parte de su vida. Por ello, patrones prolongados de sedentarismo podrían influir posteriormente en enfermedades relacionadas con el bienestar físico y la calidad de vida.
La preocupación principal surge porque esta podría convertirse en una generación con mayores dificultades de salud respecto a generaciones anteriores, un escenario que representa un cambio importante en relación con la evolución histórica observada durante décadas.
Más allá de la alarma, el debate también abre una reflexión más profunda: recuperar el valor del movimiento cotidiano, del juego libre y de los espacios donde los niños puedan explorar su entorno con mayor autonomía podría convertirse en una necesidad cada vez más importante para el desarrollo de las nuevas generaciones.
Redacción | Web del Maestro CMF