La provincia de Mendoza, en Argentina, ha comenzado a implementar un protocolo inédito en el sistema educativo: la preparación de simulacros de tiroteos en escuelas como respuesta a un contexto creciente de amenazas generadas incluso por los propios estudiantes. Este escenario ha obligado a las autoridades a actuar con rapidez y planificación, articulando esfuerzos entre el Ministerio de Seguridad, la Dirección General de Escuelas (DGE) y el Ministerio de Salud.
Un contexto alarmante que obliga a actuar
Durante las últimas semanas, Mendoza y otras regiones del país han enfrentado una seguidilla de amenazas de ataques armados en instituciones educativas. Este fenómeno no solo evidencia un problema de seguridad, sino también una crisis profunda en la convivencia escolar y la salud emocional de los estudiantes. Frente a ello, las autoridades han optado por un enfoque preventivo basado en protocolos estructurados y entrenamientos prácticos.
Según lo establecido, este plan no es improvisado: se trata de un trabajo de más de dos años que ahora comienza a implementarse de manera concreta en las escuelas secundarias, tanto públicas como privadas.
El protocolo: actuar en segundos puede salvar vidas
Uno de los pilares del protocolo es la rapidez de reacción. De acuerdo con las autoridades, en una situación de tirador activo hay apenas 20 segundos para tomar decisiones clave, lo que hace indispensable la preparación previa.
El comisario Javier Ortiz, jefe de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE), ha detallado tres acciones fundamentales:
- Huir: alejarse inmediatamente del foco de peligro es la primera y principal recomendación.
- Ocultarse: si no es posible escapar, se debe buscar un lugar seguro y bloquear accesos.
- Defenderse: como último recurso, sin exponerse innecesariamente.
Estas acciones están diseñadas para minimizar riesgos mientras se da aviso a emergencias, priorizando siempre la vida.
Capacitación docente y adaptación institucional
La implementación del protocolo no es uniforme, sino que cada institución debe adaptarlo a sus propias características estructurales y contextuales. Para ello, se están realizando capacitaciones dirigidas a directivos, supervisores y equipos escolares.
La directora de Educación Secundaria, Cecilia Páez, ha destacado que ya se han desarrollado múltiples instancias de formación, alcanzando a decenas de escuelas. Además, participan actores clave como comisarios regionales y organismos de Defensa Civil.
Este proceso incluye el uso de materiales audiovisuales, muchos de ellos basados en experiencias internacionales, lo que evidencia la gravedad del problema y la necesidad de aprender de contextos donde estos eventos han sido más frecuentes.
Más allá de los tiroteos: un protocolo integral
Un aspecto relevante es que este protocolo no se limita a situaciones de tirador activo. También contempla escenarios críticos como amenazas de explosivos, crisis de suicidio en curso y conflictos sociales externos que puedan afectar a la comunidad educativa.
Esto revela una visión más amplia: la escuela ya no solo debe educar, sino también prepararse para gestionar crisis complejas, muchas de ellas derivadas de problemáticas sociales, emocionales y culturales.
Reflexión educativa: prevención, pero también formación
La implementación de simulacros de tiroteos abre un debate inevitable en el ámbito educativo. ¿Hasta qué punto la escuela debe adaptarse a escenarios de violencia extrema? ¿Estamos atacando las causas o solo gestionando las consecuencias?
Desde una perspectiva pedagógica, la prevención no puede limitarse a protocolos de emergencia. Es indispensable fortalecer la educación emocional, la convivencia escolar y la detección temprana de riesgos.
En este sentido, los simulacros son una herramienta útil, pero insuficiente por sí sola. El verdadero desafío está en formar comunidades educativas capaces de prevenir, contener y transformar estos escenarios antes de que ocurran.
Redacción | Web del Maestro CMF