LAS PERSONAS MÁS FELICES SON LAS QUE VALORAN LO QUE TIENEN

La socióloga colombiana Ángela Marulanda Gómez, educadora familiar, conferencista, consultora en temas relacionados con la formación de los hijos, madre de cuatro hijos, es columnista y conferencista. Estudió en La Salle University (USA), y realizó estudios de sociología en la Universidad Javeriana (Colombia). Ella opina que: “Más valioso que todos los bienes y oportunidades que le demos a nuestros hijos es la alegría y entusiasmo con que disfrutemos ser sus padres” (Twitter, 25/11/2016).

Marulanda ha escrito un corto, excelente y resumido artículo de opinión en el diario El Colombiano (Antioquia, Colombia), y nosotros lo compartimos con fines únicamente educativos – pastorales. En él trata sobre su experiencia familiar, y que creemos que es más o menos parecida a la de algunas familias, que como educadores nos toca tratar y relacionarnos.

Consideramos que los maestros tenemos que ser muy conscientes de importancia sobre “la relación entre los padres y los hijos”, porque son esos niños a quienes los tenemos por muchas horas conviviendo sus horas escolares con mostros en la escuela. Esa relación “debe ser de una sabiduría, de un equilibrio, muy grande”; y porque “se han multiplicado los llamados ‘expertos’, que han ocupado el papel de los padres también en los aspectos más íntimos de la educación” (cf Papa Francisco, 20/05/2015).

¿Cree Usted que nuestro niños y jóvenes consideran que es deber de sus padres ayudarles, solucionarles y complacerlos en todo? ¿Son más felices las personas que luchan por lo que tienen?

Hay que dar menos y exigir más

Quienes hoy somos padres crecimos en la misma casa, tuvimos los mismos vecinos y, por lo general, debimos compartir todo: habitación, baño, libros, lonchera medio desbaratada, ropa usada (heredada de los mayores) y zapatos remontados… y por eso agradecíamos cualquier cosa que nos compraban.

Sin embargo, hoy en día a los niños se les da todo y mucho de lo que no necesitan ni se merecen. Parece que por darles a los hijos lo que no tuvimos, les dejamos de dar lo que sí tuvimos: muchas exigencias y pocos privilegios. Y por esta razón vivíamos soñando con “ser grandes” para poder gozar de ciertas prerrogativas como tener habitación privada o estrenar ropa y zapatos nuevos (porque del segundo en adelante todo era heredado de los mayores).

Los hijos de la generación de la postguerra (nacidos de los años 80 en adelante) tienen miles de derechos y privilegios pero pocas obligaciones. Además, aun cuando sean mayores de edad, profesionales, tengan auto propio (pagado por sus padres) y cuanto aparato exista (iphone, ipad, computadora, etc.) consideran que es nuestro deber ayudarles, solucionarles y complacerlos en todo, a pesar de que ellos no tienen ninguna obligación en el hogar.

Parece que nosotros dejamos de ser padres para ser benefactores, abogados defensores, choferes y sirvientes ad honorem de los hijos. Sin embargo, por lo general, muchos de ellos no viven más agradecidos sino más inconformes, no son más responsables sino más recostados, no colaboran más sino que demandan más y tampoco son más amorosos sino, a menudo, más insolentes con sus padres.

A pesar de que no siempre todo tiempo pasado fue mejor, sí hay mucho que rescatar de tiempos pasados, comenzando por el hecho de que hasta los años 80 eran los adultos, no los niños, los que tenían más privilegios y también los que mandaban la familia.

Si no queremos vivir sintiéndonos defraudados y criando hijos malagradecidos es hora de que les demos más responsabilidades, menos privilegios y bastantes exigencias. Recordemos que las personas más felices son las que valoran lo que tienen y agradecen lo que reciben… porque han luchado por merecerlo.

Este contenido ha sido publicado originalmente por El Colombiano en la siguiente dirección: elcolombiano.com



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