El periodista especializado en educación Ignacio Zafra, en un artículo publicado por el diario español EL PAÍS desde Madrid, España, analiza los nuevos resultados de PISA y las explicaciones planteadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ante el deterioro sostenido del rendimiento de los estudiantes de 15 años. Los datos de PISA 2025 muestran que el fenómeno afecta al conjunto de los países desarrollados y no puede atribuirse a una única causa: menos lectura, dificultades para mantener la atención, menor disposición al esfuerzo, expansión de los dispositivos digitales, aulas más complejas, problemas de disciplina, absentismo y una reducción del acompañamiento familiar aparecen entre los factores que ayudan a comprender la magnitud del retroceso.
Una década de retroceso en los aprendizajes
Los resultados muestran una tendencia preocupante. Entre 2015 y 2025, el promedio de los países de la OCDE cayó 27 puntos en lectura, 22 en matemáticas y 7 en ciencias. La propia organización estima que aproximadamente 20 puntos en PISA equivalen al aprendizaje adquirido durante un curso escolar, lo que permite dimensionar la profundidad del descenso.
Esto significa que, en términos generales, los estudiantes evaluados actualmente se encuentran cerca de un curso escolar por detrás de los alumnos de hace una década en algunas de las competencias fundamentales.
En España, el retroceso durante el mismo periodo ha sido todavía más pronunciado: 45 puntos menos en lectura, 29 en matemáticas y 16 en ciencias. El problema, sin embargo, trasciende las fronteras españolas y forma parte de una tendencia observada en buena parte del mundo desarrollado.
La OCDE no considera que se trate simplemente de una anomalía estadística o de un problema relacionado con la forma en que se aplica PISA. El deterioro estaría vinculado a transformaciones simultáneas en los estudiantes, las escuelas, los sistemas educativos y la propia sociedad.
Leer se está convirtiendo en una tarea cada vez más difícil
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación es la comprensión lectora. Los adolescentes encuentran más dificultades cuando deben enfrentarse a textos extensos, mantener la concentración, relacionar diferentes informaciones, evaluar argumentos y reflexionar sobre lo leído.
La prueba muestra señales de deterioro incluso en tareas relativamente sencillas. Entre 2018 y 2025, la proporción de lectores precisos y fluidos disminuyó un 6% en el promedio de la OCDE, mientras aumentó el grupo de estudiantes que responde rápidamente pero de manera incorrecta.
Las dificultades se hacen más evidentes conforme avanza la evaluación. El rendimiento empeora especialmente en las últimas partes de la prueba, algo que apunta hacia problemas relacionados con la atención sostenida, la perseverancia y la confianza para afrontar actividades intelectualmente exigentes.
La OCDE señala que el descenso podría estar relacionado con la capacidad o voluntad de los alumnos para mantener una atención concentrada durante tareas de lectura complejas.
Menos curiosidad y menor disposición para esforzarse
El problema no se limita a lo que los estudiantes saben. También aparece relacionado con la actitud que mantienen frente al aprendizaje.
Los propios adolescentes reconocen haber dedicado menos esfuerzo a realizar PISA que quienes participaron en ediciones anteriores. Además, los datos muestran relaciones entre el rendimiento lector y características como la curiosidad, la perseverancia y la capacidad de terminar aquello que se comienza.
En España, por ejemplo, el 72% de los estudiantes afirma sentir curiosidad por muchas cosas diferentes, porcentaje que disminuyó 3,2 puntos respecto de la edición anterior. Asimismo, el porcentaje de quienes aseguran realizar un esfuerzo adicional cuando una actividad se vuelve difícil descendió 3,3 puntos y quedó situado en el 68%.
En el promedio de la OCDE, solo el 60% declara realizar ese esfuerzo adicional ante las dificultades.
La situación plantea un desafío educativo que va más allá de transmitir contenidos. Aprender exige atención, constancia, curiosidad y capacidad para continuar trabajando cuando una actividad resulta complicada.
Los estudiantes leen menos libros y pasan más tiempo entre pantallas
Otro cambio profundo está relacionado con los hábitos de lectura. Desde hace años aumenta la proporción de adolescentes que solo lee cuando está obligado a hacerlo, mientras disminuye el disfrute asociado a esta actividad.
Cada vez menos estudiantes recurren habitualmente a:
• Libros de ficción
• Revistas impresas
• Periódicos en papel
• Textos extensos que requieren una lectura prolongada
Al mismo tiempo, aumenta la lectura digital destinada principalmente a buscar información, comunicarse mediante chats y consumir contenidos fragmentados.
Los estudiantes evaluados en PISA 2025 nacieron en 2009 y, por tanto, han crecido en una época marcada por la expansión masiva de teléfonos inteligentes, tabletas y otros dispositivos electrónicos personales.
La interacción constante con contenidos digitales favorece frecuentemente una lectura selectiva y funcional, acompañada de cambios continuos entre actividades. Ese comportamiento puede desplazar las prácticas de lectura prolongada necesarias para desarrollar una comprensión profunda.
Los datos muestran además que los estudiantes que leen libros de ficción y textos más largos tienden a obtener mejores resultados en comprensión lectora, incluso después de considerar las diferencias socioeconómicas.
Aulas más diversas y necesidades educativas más complejas
La transformación también se está produciendo dentro de las escuelas. Las aulas son actualmente más heterogéneas y presentan necesidades educativas mucho más diversas que hace una década.
Desde 2018, el alumnado de origen migrante aumentó un 25% en el conjunto de la OCDE y representa ya el 16,7% de los estudiantes evaluados. En España, el crecimiento alcanzó el 64% y este alumnado representa el 20,3%.
Los directores escolares también informan de una mayor presencia de estudiantes refugiados, alumnos con necesidades educativas especiales, discapacidad, trastornos del espectro autista y escolares cuya lengua materna es diferente de la utilizada en clase.
La diversidad no constituye por sí misma un problema educativo. Sin embargo, exige enseñanza diferenciada, profesionales especializados, recursos suficientes y capacidad para atender ritmos y necesidades muy diferentes dentro de una misma aula.
Cuando estos recursos no acompañan el incremento de la complejidad, la tarea del profesorado se vuelve considerablemente más difícil.
Más disciplina y menos tiempo disponible para enseñar
El clima escolar constituye otra de las señales de alerta. Los problemas de convivencia y disciplina han aumentado y están consumiendo una proporción creciente del tiempo destinado al aprendizaje.
Los directores reportan un empeoramiento del clima en determinados centros, asociado a situaciones de vandalismo, robos, lenguaje ofensivo, intimidación, abuso verbal y otros comportamientos que afectan a estudiantes y profesores.
El tiempo que los docentes dedican a mantener el orden en las clases aumentó del 13% al 16% desde 2018.
Aunque tres puntos porcentuales pueden parecer una diferencia limitada, acumulados durante semanas y meses representan una cantidad considerable de horas lectivas que dejan de utilizarse directamente para enseñar.
En España, además, el 39% de los estudiantes asegura que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas las clases de ciencias, ocho puntos por encima del promedio de la OCDE.
El acoso escolar también afecta al aprendizaje
Los datos de 2025 muestran asimismo un incremento del acoso escolar respecto de 2022, tanto en el promedio de la OCDE como en España.
El problema no afecta únicamente al bienestar emocional y a la convivencia. Existe también una relación con los resultados académicos: en los lugares donde aumenta la proporción de estudiantes que declara haber recibido amenazas de otros alumnos, el rendimiento lector tiende a deteriorarse con mayor intensidad.
Un ambiente escolar inseguro, conflictivo o permanentemente interrumpido dificulta que estudiantes y profesores puedan concentrarse en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Los profesores trabajan en contextos cada vez más exigentes
Mientras las aulas se vuelven más complejas, los estudiantes también perciben cambios en el apoyo que reciben de sus docentes.
El porcentaje de alumnos que afirma que sus profesores de ciencias continúan explicando hasta asegurarse de que los contenidos hayan sido comprendidos cayó cinco puntos durante la última década, hasta situarse en el 67%.
El dato debe interpretarse dentro de un escenario en el que el profesorado enfrenta mayor diversidad, diferencias importantes de rendimiento, necesidades educativas específicas y más tiempo dedicado a gestionar la convivencia y mantener el orden.
Por ello, el desafío no consiste únicamente en exigir mejores resultados a los docentes, sino también en garantizar las condiciones necesarias para que puedan enseñar eficazmente.
La pandemia golpeó en una etapa decisiva del aprendizaje
Los estudiantes evaluados en PISA 2025 tenían aproximadamente 10 u 11 años cuando comenzó la pandemia de covid en marzo de 2020.
Se encontraban en una etapa especialmente importante de la educación primaria, cuando los niños suelen pasar del dominio de habilidades básicas de lectura, escritura y aritmética hacia procesos más avanzados de comprensión, razonamiento y resolución de problemas.
La interrupción de la escolaridad presencial pudo dejar consecuencias que todavía se manifiestan varios años después.
Además, la pandemia parece haber contribuido a modificar algunos hábitos relacionados con la asistencia. El absentismo escolar se ha convertido en otro factor relevante dentro del análisis del deterioro educativo.
En España, el porcentaje de adolescentes que declaró haber faltado un día completo a clases durante las dos semanas anteriores a PISA aumentó del 30% en 2018 al 34% en 2025.
Una exposición menor y más irregular a la enseñanza puede acumular consecuencias sobre competencias esenciales, especialmente cuando esas ausencias se prolongan durante varios cursos.
Las familias también están acompañando menos la vida escolar
El análisis incorpora otro cambio significativo: el apoyo familiar relacionado con la escuela ha disminuido en numerosos países.
En España, el 69% de los adolescentes afirma que sus padres les preguntan al menos una vez por semana qué han hecho en la escuela. Tres años antes, el porcentaje alcanzaba el 77%.
También ha disminuido la frecuencia con la que padres e hijos conversan sobre las dificultades escolares. Actualmente, solo aproximadamente la mitad de los estudiantes españoles asegura mantener este tipo de conversaciones al menos una vez por semana, diez puntos menos que en la edición anterior.
El papel de las familias también resulta importante en la formación de los hábitos lectores desde los primeros años. La lectura ha perdido terreno como actividad de ocio no solamente entre los adolescentes, sino también entre los adultos, reduciendo potencialmente la presencia de modelos lectores dentro del hogar.
No existe una única causa detrás del deterioro educativo
Los resultados obligan a evitar explicaciones simplistas. No hay un único responsable ni una sola causa capaz de explicar la caída del aprendizaje. Los factores identificados actúan simultáneamente y pueden reforzarse unos a otros.
Entre los principales elementos señalados aparecen:
• La pérdida del hábito de leer textos largos y libros.
• La disminución de la atención sostenida.
• Una menor perseverancia ante actividades difíciles.
• La reducción de la curiosidad y la motivación por aprender.
• La expansión del uso cotidiano de dispositivos digitales.
• El aumento de la complejidad y diversidad dentro de las aulas.
• Los problemas de disciplina, convivencia y acoso escolar.
• El incremento del absentismo.
• Las consecuencias educativas acumuladas desde la pandemia.
• La reducción del acompañamiento familiar relacionado con la escuela.
La OCDE reconoce incluso que podría estar produciéndose cierta reconfiguración de las capacidades de las nuevas generaciones, de manera que los adolescentes actuales quizá hayan desarrollado competencias que PISA no mide. Sin embargo, esa posibilidad todavía carece de evidencia suficiente.
El desafío educativo va mucho más allá de mejorar una puntuación
El deterioro reflejado por PISA plantea una cuestión más profunda que la posición de cada país dentro de una clasificación internacional. Leer con comprensión, mantener la atención, resolver problemas, perseverar frente a la dificultad y reflexionar críticamente son capacidades fundamentales para continuar aprendiendo durante toda la vida.
Los datos muestran que el problema se ha desarrollado durante años y está relacionado con transformaciones tecnológicas, familiares, escolares y sociales que difícilmente podrán revertirse mediante una única reforma.
Recuperar el aprendizaje requerirá fortalecer los hábitos de lectura, reconstruir la cultura del esfuerzo y la perseverancia, mejorar la convivencia escolar, proporcionar mayores recursos para atender aulas diversas, reducir el absentismo y reforzar la colaboración entre familias y escuelas.
La gran advertencia que dejan los resultados de PISA 2025 es que el deterioro educativo no comenzó de un día para otro y tampoco podrá corregirse mediante soluciones inmediatas. El desafío consiste en reconstruir las condiciones que permiten aprender: tiempo, concentración, lectura, curiosidad, acompañamiento, disciplina, buenos docentes y oportunidades reales para que cada estudiante pueda avanzar.
Redacción: Web del Maestro CMF | Fuente: El País