Los docentes deben hacerse respetar. No es una opción ni un gesto de orgullo: es una condición para que la educación exista

Si hoy no se hacen respetar, la nueva generación crecerá sin reconocer la autoridad pedagógica y mañana será tarde para recuperarla. Este sistema no es ingenuo: debilita al docente, lo expone, lo desautoriza y lo desgasta, mientras prepara el terreno para su reemplazo, y aquí entra la “nueva” IA.