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jueves, enero 18, 2018

JAMB

¿POR QUÉ, A VECES, ES DIFÍCIL DIALOGAR CON UN ADOLESCENTE? SEIS CONSEJOS

Por la comunicación podemos acercarnos a los otros y sostener sanas relaciones. Y en el hogar el primer espacio donde se aprende a dialogar, a expresar los sentimientos, a escuchar a los demás. “Me resulta impactante lo que sucede en muchos “hogares” donde lo más elemental, que es la comunicación, es escasa o es nula. Conversar es expresarse, narrar las vivencias, dejar ir al aire los sueños y deseos”, afirma Ledia Gutiérrez en su artículo de La Prensa (Nicaragua), y nos recuerda que “una vida en familia sin el contacto físico y afectivo, muere emocionalmente hablando, es la esencia de la vida”.

La Web SOLO HIJOS.COM, cuyo lema es “para ser mejores padres”, publica un artículo de Pilar Guembe y Carlos Goñi, autores del libro “Es que soy adolescente…y nadie me comprende”, sobre seis errores en la comunicación con los jóvenes, y que compartimos con fines únicamente educativos – pastorales. Lo hacen teniendo como premisa que un joven llamado Jorge dice:

Con mi padre no se puede hablar. No hace más que meterse conmigo: Que si no estudio, que si estoy todo el día escuchando música… No respeta mi intimidad. Sólo me habla para echarme alguna bronca. Pasa de lo que yo le diga. No escucha. No me entiende.”

¿Cuáles son los errores?

  1. Ignorar la actitud del hijo por miedo al enfrentamiento. El sentido común nos irá dictando en cada caso cuándo una determinada conducta merece ser atajada con prontitud o vale más la pena pasarla por alto. A veces ocurre que hacemos la vista gorda en cuestiones importantes y nos obcecamos en detalles insignificantes. Nos ponemos nerviosos (demasiado, quizá) por el volumen de su equipo de música y, en cambio, permitimos que llegue a horas intempestivas. Justamente este miedo al enfrentamiento es el que suele provocar los enfrentamientos.
  2. Hablarle cuando estamos nerviosos.Por lo general, es lo que hacemos. Nos pasa como al padre de Jorge que va callando hasta que ya no puede más. Hemos de reconocer que en ese caso ni el momento ni el ambiente que hemos elegido para dialogar es el idóneo. Lo normal es que no se produzca el diálogo, sino a lo sumo un sermón totalmente ineficaz. Por eso Jorge dice que su padre “sólo me habla para echarme alguna bronca”.
  3. No respetar su intimidad. Los adolescentes son muy celosos de su intimidad, sobre todo con sus padres. Aunque veamos incongruencias en su comportamiento respecto a este tema, debemos andar con pies de plomo para no invadir su espacio. Entrar en su habitación para charlar es una buena forma de empezar, pero debemos tener en cuenta que estamos en su terreno.
  4. Decir siempre lo mismo. Quizá no seamos conscientes de ello, pero la percepción de los adolescenteses que, como dice Jorge, “siempre estás con lo mismo”. Ante un padre que “ralla“, lo que hacen es desconectar, es decir, ponerse los cascos. Eso no significa que no tengamos que decir nada, sino que debemos buscar otras formas de decir.
  5. “Eso me pone al cien y le digo de todo”, confiesa el padre de Jorge. Si hablamos cuando hemos perdido los estribos, ya no dialogamos, sino que sermoneamos. Decimos todo lo que no queríamos o no deberíamos decir, siempre cosas negativas, exageradas, sacadas de contexto o injustamente simplificadoras. Tras el sermón de su padre, Jorge se queda con esta idea: “Sólo me habla para echarme alguna bronca”.
  6. No escuchar.Los adolescentes sienten que sus padres no les entienden. Suelen decirlo en casi todas las entrevistas. “¡Cómo va a entenderme, si no me escucha!”, protestaba Esther, una chica de 16 años. Saber escuchar es el primer paso para poder comprender, porque no sólo se trata de oír al otro, sino de prestarle atención, de tenerlo en cuenta, de valorar sus opiniones… y, sobre todo, de ponerse en su lugar.”

Recordemos que como profesores y/o padres de familia, debemos tener muy claro que “dialogar significa hablar, pero también escuchar. El diálogo entre padres e hijos es difícil, porque hay padres y algunas veces también hijos que no saben escuchar.

Por una parte, es un problema de tiempo: La madre se encuentra a veces absorta por los quehaceres del hogar, ciertamente muy importantes.

Pero no es menos importante escuchar al hijo que regresa de la escuela. Es cierto que padre tiene mucho que hacer. Pero siempre debe tener tiempo para lo más importante; y para un padre no hay nada más importante que atender, cuidar y educar al hijo.

Se podría decir que los padres están dispuestos a escuchar, pero que los hijos no están dispuestos a hablar. Pero, fundamentalmente ¿de quién es la culpa? Tal vez los hijos ensayaron y no se les prestó suficiente atención. Entonces se han encerrado en su silencio. Su sensibilidad con relación a la atención de los papás es enorme, hasta puede parecer exagerada.

Lo que el joven quiere decir, tiene para él mucha importancia. Lo ha pensado y repensado, hasta lo ha sufrido. Y si no encuentra en casa quien quiera escucharlo, buscará fuera de ella atenciones más o menos auténticas” (Nicolás Schwizer, Catholic.net).

¿Nos ponemos de acuerdo sobre lo que es dialogar? ¿Acompañamos a nuestros padres de familia en la tarea de conversar con sus hijos? ¿Cuánto repercute en clases un estudiante que tiene dificultad en comunicarse?

Si desea leer el artículo completo, que es nuestra Fuente, haga click aquí SEIS ERRORES EN LA COMUNICACIÓN CON NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES


REDACCIÓN WEB DEL MAcESTRO CMF




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