Maestros al servicio de la educación

[Matías Méndez Pérez] Conocimientos pasajeros y eternos

Es inherente al ser humano bajar a los abismos de lo ignoto para vencerlos y volar con la libertad del conocimiento.
Cada nuevo descubrimiento lleva parejo una serie de regiones desconocidas. El desconocimiento es infinito como lo es el Universo. Es plausible, lícito y honrado admitir que nunca vamos a conocer todo, porque en el momento que lo conociéramos todo perderíamos nuestra esencia de seres limitados.

La Creación no es más que una metáfora de los que nos queda por descifrar. La propia inflación cósmica (el universo se expande a 7km/s) nos sugiere que estamos ante algo que se nos escapa de nuestras posibilidades. Con nuestros 80 años de vidas, nuestros 60.000 pensamientos diarios tenemos una aventura inigualable, como ya destacaron los clásicos: “la aventura del saber”.

Desde joven me atrajo la relación entre fe y razón, después la sociología, recientemente el transhumanismo [movimiento cultural e intelectual internacional que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnología ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual] y la teoría general de sistemas… A continuación, quiero centrarme en un vehículo transversal de todo conocimiento: las humanidades.

Las humanidades se caracterizan por ser clásicas, imperecederas: no hace “mella” en ellas el paso del tiempo. En cambio, las ciencias están en continua evolución, su verdad es relativa, algo demostrado por el insigne Karl Popper y su majestuosa teoría del falsacionismo [contrastar una teoría significa intentar refutarla mediante un contraejemplo]. Baste recordar las múltiples teorías del átomo o del funcionamiento del universo a lo largo del Siglo XX.

Aunar la “teoría de la relatividad” y la “mecánica cuántica” es la –piedra filosofal- que pretenden múltiples científicos, liderados por Stephen Hawkings, para desmontar las contradicciones que hay entre ambas corrientes.

Desde la Revolución Industrial hay una lucha incesante por desterrar el campo del espíritu, del alma, de los sentimientos. Somos “robots”, fríos, a los que sólo importa el resultado, la experimentalización [hacer experimentos, tratar de descubrir o probar algo], de la ciencia en los últimos 150 años es sólo una característica más del mundo desnortado en el que nos encontramos.

En mi país, se habla mucho de libertades, de la mejor época contemporánea, pero de media tenemos: 10 suicidios al día, 1 de cada 4 personas pasa hambre, más del 70% de las parejas se separan, hay un 50% de paro entre la juventud…

Las ciencias ayudan a comprender mejor el mundo, pero necesitamos saber antes quiénes somos. La ciencia nos muestra el marco, pero no el cuadro. Las ciencias necesitan de las humanidades para hacerse preguntas que son y serán eternas, las dos no sólo no son incompatibles, sino que se necesitan entre sí para seguir avanzando en el mundo del conocimiento.

Como señala Edward O. Wilson en su libro “The Meaning of Human Existence”, si un extraterrestre llegase a la tierra, ¿qué es lo que realmente tendría que aprender de la raza humana? Llega a la conclusión, después de una reflexión, que no sería el último invento tecnológico, ni la potencia del nuevo modelo de avión o coche. Lo que podría aprender es lo que nos distingue como hombres: la historia, nuestra lengua, nuestra cultura, costumbres y nuestra forma de entender el mundo (ética).

Juntos el camino hacia la verdad es más fácil, por separado: imposible.


Autor: Matías Méndez
Localidad: Madrid, España.
Experiencia Académica: Licenciado en Filología Hispánica (Universidad de Valencia y Murcia). Grado en Filosofía (Universidad de Navarra).
Doctorando en Periodismo (Universidad Complutense de Madrid).
Máster en Dirección de Comunicación (Fundación Coso-Universidad de Villanueva) y Recursos Humanos (EFEM).
Emial: [email protected]



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